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Dua Lipa: cuando tomarse el pop en serio es lo más divertido

La cantante Dua Lipa en una actuación en abril de 2018 en Londres.La cantante Dua Lipa en una actuación en abril de 2018 en Londres.Matthew Baker

Al final tuvo que ser ella. De todas las divas del pop que han intentado y fracasado bíblicamente a la hora de escribir un álbum sin apenas dopaje que suene actual y clásico, eufórico y de autoafirmación, justamente político, necesariamente personal y todas esas cosas que se escriben en las pizarras de las salas de marketing de las grandes compañías, ha tenido que ser ella, Dua Lipa.

Esta británica de 24 años que pasó parte de su adolescencia en Kosovo, se hizo viral hace tres años con New rules, uno de esos temas de separación y resiliencia que aprietan todos los botones de la coyuntura sociocultural en la secuencia perfecta. El corte volvía a hacerse universal hace nada a través de la red social Tik Tok y un bailecito. Todos pensaban que estaban ante otra estrella del pop circunscrita a un tipo concreto de público, muy fiel cuando aún le quedan datos en el móvil, inalcanzable los últimos días antes de la siguiente factura de su operadora.

El perfil de Dua Lila ya estaba dibujado, a pesar de que sus dos singles de adelanto de este Future Nostalgia apuntaban mucho más allá de la viralización casual y la caza de tendencias como si fueran Pokémons. Don’t start me now apostaba por el pop de baile con mayúsculas, neones, barra libre y pestillo en los baños. Physical recuperaba a Olivia Newton-John y la ponía a hacer de la de en medio de las Pointer Sisters para acabar siendo una maravilla adictiva para hacer gimnasia. Todo en ellos hablaba más de música disco y de cultura pop de los noventa, de Madonna, Chic, Robyn o Daft Punk que de estupidez de algoritmo o de experimentación malabarista.

Future nostalgia no es un disco moderno. Ni siquiera es un disco actual. Al menos en el sentido en que nos hemos acostumbrado a utilizar estos términos, casi siempre como recurso ante algo que no terminamos de entender, o que queremos denotar que despreciamos, pero nos da apuro revelar nuestra edad. Este es un disco que se ha hecho muy pocas veces, y eso no es moderno, es novedoso. Lo que muestra aquí la británica es una fascinante seguridad en sí misma, en lo que puede hacer y en cómo hacerlo.

Son solo 11 temas, no hay colaboraciones y el único momento de tregua llega al final, con la sorprendente Boys Will Be Boys, que aparentemente tiene todos los números para ser la balada tonta del álbum y se destapa como un himno sensato. Si eso no existía, ya existe. El resto son todo temas robustos, llenos de música, matices, suaves giros estilísticos (eso que era música disco, ahora es pop electrónico y espera que te voy y te doy un poco de house), cambio de localización (va de Studio 54 a los clubes de electrónica subterráneos del Londres de los noventa, y hasta a las galas de fin de año de la televisión pública) y melodías sin apenas fisuras.

Memorables en Hallucinate o Break My Heart; simpáticas y ochentenas en Levitating; barrocas y fascinantes en Cool, acaso el único coro del disco que contiene en la etiqueta la leyenda ‘hecho en 2020’. Future Nostalgia es pura euforia, pero se eleva por encima de la cursilería y la frivolidad porque se toma muy en serio la euforia. ¿Recuerda aquello de que el humor es algo demasiado serio como para tomárselo a broma? Pues te álbum dice lo mismo del pop.

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