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Dos países

A medida que pasan las semanas, me da la sensación de que vivimos en dos países diferentes. Uno es simpático, solidario, confiado, aplaude por las tardes, canta o juega al fútbol desde los balcones. Y padece, no sin angustia, pero con calma, los rigores de un confinamiento inevitable. El otro se asemeja a una jaula de gallos de pelea picoteándose sin parar. Uno quiere restablecer una dictadura (mientras el dictador sea él), otro querría conquistar el poder que no logró en las urnas, a otro, en el fondo, fondo, le gustaría nacionalizar la banca y los medios de producción, otro vive un sueño tontiloco de una independencia absurda y otro quiere retener el poder sin más. Ninguno piensa seriamente en el coronavirus. Tal vez deberíamos recordar a todos que la misión del político es servir al pueblo, no retener el mando o conseguirlo con elevados conceptos que suenan a huero.

Fernando Schwartz. Madrid

<CF1000><CW-10>Yo tengo 80 años, y también muchas preguntas. Me pregunto por qué parece ahora que no es muy grave que nos muramos los mayores. Me pregunto si las personas que minimizan lo que está ocurriendo tienen padres, abuelos, tíos o amigos de mi edad. No entiendo cómo pueden reaccionar de una forma tan inhumana<NO1> casi con indiferencia,<NO> ante tal catástrofe<NO1> que nos lleva por delante a los más endebles<NO>. Durante milenios los ancianos han sido respetados como los más sabios. En solo unas décadas hemos pasado <NO1>de ser irrelevantes <NO>a ser absolutamente prescindibles.

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