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Destrozar un arrecife en Curazao sale gratis

Superado lo peor de la pandemia, este verano los cruceros han vuelto a Curazao. Los turistas llegan a la isla caribeña, un territorio ultramarino de los Países Bajos, a través de dos grandes muelles, el segundo de los cuales, Tula, se construyó en 2017 para atraer alrededor de un millón de pasajeros al año. Pero su construcción por parte de las empresas holandesas BAM International, una filial de Royal BAM Group, ha dejado graves heridas —equivalentes a siete campos de fútbol— en uno de los activos más valiosos que tiene este territorio: su arrecife de franja —que rodea casi toda la costa del país—, que tardará dos décadas en recuperarse. El Gobierno de la colonia, que no ha respondido a este diario, no ha solicitado compensación a la empresa. Varios expertos apuntan que la ausencia de una ley común europea para estos casos obstaculiza exigir reparación a las filiales al alargar el tiempo y aumentar el coste de los litigios. Fuentes de la empresa explican que el daño se produjo solo en la zona establecida y que las Autoridades Portuarias de Curazao acordaron financiar la construcción y la gestión de un parque marino en ella.

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