Deportes

Desempate, por favor

Cuando éramos pequeños y el barrio era barrio, jugábamos a todo. Finalizado el curso e iniciadas las vacaciones de verano, llegaba la retransmisión de Roland Garros. Entonces, con palas de madera, una pelota pelona y una cuerda atada a dos árboles, jugábamos a tenis o a algo parecido; cuando era el Tour, tocaba dar pedales. Lo hacíamos a turnos con la bici de algún privilegiado al que le habían regalado una; y cuando lo que veíamos eran los Juegos Olímpicos, jugábamos a “echar carreras”. Las había de velocidad y a resistencia. Para las primeras, se establecía una distancia, normalmente de farola a farola, y “a la de tres” salías zumbando en pos de la victoria. Ser el más rápido confería un estatus y un respeto importante al protagonista. Pero ese honor sólo podía corresponder a uno, y si había alguna duda, se retaba al intruso a otra carrera.

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