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Desde dentro se ve distinto

El escritor Eduardo Galeano captó la idea y lanzó la frase: “En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”. Luego, el cine la popularizó aún más a través de esa escena de El secreto de sus ojos en la que le explican a Ricardo Darín lo difícil que es abandonar una pasión como la futbolística. Hay, sin embargo, un método bastante efectivo para dejar de sentirla o, cuando menos, atenuarla: vivirla desde dentro. Desde fuera, el relato y la liturgia pueden —y deben— resistir. Al verlos desde cerca, al formar parte de ellos, cabe la posibilidad de darse cuenta de que, como en tantos otros ámbitos de la vida, todo es más cutre de lo que parece. No se llegará al cambio de equipo. Pero sí a la reflexión y, tal vez, al desencanto.

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