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Dalí vive su verano más surrealista

Varias personas visitan el Teatro-Museo de Dalí en Figueres.
Varias personas visitan el Teatro-Museo de Dalí en Figueres.David Borrat / EFE

Los museos están viviendo una situación complicada, sobre todo los que cuentan de forma mayoritaria con turistas extranjeros entre sus visitantes. Es el caso del Teatro-Museo de Figueres dedicado a Salvador Dalí, que recibe cada año más de 800.000 visitantes, el 80% venidos de Francia, Italia, Reino Unido, pero también Estados Unidos, China y Japón que este año, por la situación sanitaria, no han viajado a nuestro país. El año pasado, por estas fechas, más de 5.000 personas recorrían a diario este centro, el museo privado que más visitantes recibe en España, y última obra surrealista de Dalí que se inauguró en 1974. Desde que el museo reabrió el pasado 11 de julio, después de cuatro meses cerrado, los visitantes diarios no llegan a los 1.170 que permite el aforo reducido por la pandemia. Además, abren de martes a domingo con horario de invierno (de 10.30 a 18.00) y este año se han eliminado las visitas nocturnas que acababan con una copa de cava y que tanto éxito habían tenido años anteriores.

Si no hay cambios de última hora el centro cerrará sus puertas el día 13 de septiembre sin una fecha precisa para reabrir, una medida sin precedentes que es observada con temor por los comercios de la ciudad y por el Ayuntamiento de Figueres. El año pasado la Fundación Gala-Salvador Dalí tuvo unos beneficios económicos de cuatro millones y este año se esperan, según cálculos de la propia Fundación, unas pérdidas de 4,5 millones, por lo que se dejarán de ingresar un total de 8,5 millones de euros de un año a otro.

Para conseguir atraer a nuevos públicos, sobre todo el de proximidad, que supla la carencia de extranjeros, el museo ha sacado su artillería pesada para la exposición temporal: ¡El surrealismo soy yo! en la que pueden verse 12 obras surrealistas, el periodo más valorado de Dalí, que se muestran por primera vez juntas por estar muchas de ellas siempre en préstamos internacionales. “No estaba prevista, pero con la pandemia, al ver que las obras no iban a viajar, pensamos que era el momento de mostrar el surrealismo de Dalí, a partir de un hilo conductor que es el paisaje y cómo lo representó durante este periodo”, explica Montse Aguer, directora de los museos Dalí y comisaria de la muestra, junto a Carme Ruiz, conservadora jefe del museo.

Las obras recorren, cronológicamente, desde el estudio de 1926 para La miel es más dulce que la sangre, un cuadro desaparecido durante la Guerra Civil, que Dalí pinta influido por su amigo Lorca y por su visita al estudio de París de Picasso, a Poesía de América, de 1943, en el que representa a dos jugadores de futbol americano, uno blanco y otro negro, vestidos a la maniera renacentista “en el que pinta una simbiosis entre el paisaje de Cadaqués y el de los grandes desiertos americanos con elementos surrealistas y del pop, en un momento en el que Dalí y Gala vivían en Estados Unidos”, apunta Aguer, que destaca la evolución en su forma de pintar paisajes a través de los años, “pero en los que siempre está presente la idea de enigma, simulacro, fantasma y espectro”.

Las obras están llenas de detalles que invitan, pese al pequeño tamaño de la mayoría, a observarlas con detenimiento. Como El sentimiento de velocidad, de 1931; Elementos enigmáticos en un paisaje, de 1934 y El espectro del sex-appeal, de 1934, una obra fundamental de este periodo en el que Dalí, en apenas 18 por 14 centímetros, pinta, casi a nivel fotográfico, imágenes de su subconsciente en medio del paisaje lunar del Cap de Creus. En Composición surrealista con figuras invisibles, de alrededor de 1936, Dalí reutilizó un cartón pintado diez años antes, Rocas del Llaner, repintando solo su parte inferior y sustituyendo el paisaje rocoso por una franja blanquinosa con una especie de escenografía en la que aparece una silla y una cama con figuras ausentes. “Unas escenas que podemos relacionar con La mujer surrealista, el guion que Dalí escribió, mano a mano, con Harpo, de los Hermanos Marx, por entonces”, remarca Aguer que considera que para conocer estos trabajos “hay que leer al Dalí escritor”.

Ocho de las 12 obras expuestas han sido adquiridas en los últimos años por la Fundación, gracias el beneficio que han generado los turistas año tras año, hasta ahora. “Es el periodo que estaba menos representado en la colección. La forma de adquirir estas obras nos recuerdan también que ha habido una buena política de adquisiciones y que, cuando la situación se recupere, continuará”, prosigue Aguer.

Cuando el museo reabrió el 11 de julio el presidente de la Fundación, Jordi Mercader, dijo que estaba previsto cerrarlo a mitad de septiembre, pero que harían todo lo posible para que, como en sus más de 40 años de vida, continuara abierto todo el año. Los primeros días permitieron aventurar una recuperación, pero a mitad de julio, cuando la Generalitat invitó a los catalanes a limitar sus salidas y desde Francia se recomendó no viajar a Cataluña, las cifras volvieron a bajar en picado. En el calendario se mantiene el 13 de septiembre como el último día para adquirir entradas.

Mercader y Aguer han explicado que, pese a ser una fundación privada que nunca han contado con recursos públicos, pedirán la colaboración de las administraciones para superar el momento. La Diputación de Girona aportó los 42.000 euros para adecuar la visita al museo a las nuevas medidas sanitarias y fuentes del Ministerio de Cultura aseguran que han recibido una carta pidiendo que el Estado se implique en la gestión del centro, que exhibe parte del legado que el pintor dejó en herencia a todos los españoles tras morir en 1989.

A la espera de una decisión, en las tiendas cercanas al museo, de libros, recuerdos e incluso de turrones, temen que el cierre a mitad de septiembre les obligue a ellos a tener que hacer lo mismo, “para siempre”. “Tenemos mucha responsabilidad, somos conscientes. Habrá cierta flexibilidad a la hora de plantearnos el cierre, analizamos el día a día para acabar de tomar una decisión final; pero somos privados y tenemos que gestionar nuestro patrimonio”, se limita a decir Aguer, siempre prudente. Una decisión, nada fácil, que ha de tomar a comienzos de septiembre el patronato de la Fundación en la que están representados el Ministerio, la Generalitat y los ayuntamientos de Figueres y Cadaqués.

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