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Cuarentena con Sir Roland Hanna, por Fernando Trueba

Con mi amigo el pintor Arturo Rodríguez hemos pasado años jugando a sorprendernos con un disco de Roland Hanna que el otro no tuviese. Creo que hemos llegado al final del juego, aunque no descarto que surja alguna grabación desconocida y podamos retomarlo, pues cada disco de Hanna es un regalo para los oídos.

Roland Hanna fue un gran pianista de jazz, con formación clásica y jazzística al tiempo. Para él no había fronteras entre Chopin y Duke Ellington, entre Gershwin y Mahler. Dedicó también parte de su vida a la enseñanza y la Sinfónica de Detroit estrenó una de sus obras, no la única interpretada por orquestas sinfónicas. El título de Sir que siempre llevó con orgullo le fue concedido por el presidente de Liberia por servicios humanitarios al país.

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Tocó con Benny Goodman, con Charlie Mingus, con la orquesta de Thad Jones y Mel Lewis, y con el New York Jazz Quartet, pero pienso que su cómplice privilegiado fue el contrabajista checo George Mraz. Ambos compartían un mismo sentido cosmopolita y sofisticado de la música y jamás se permitieron la menor concesión a la fealdad.

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