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“Cuando te ocurre algo así nunca acabas de superarlo”: cómo Alan Ball convirtió una tragedia personal en los guiones más incómodos y valientes de Hollywood

La vocación surge donde menos te lo esperas. En el caso de Alan Ball (Georgia, EE UU, 1957), el hombre que revolucionó el mundo del cine y la televisión con American Beauty y A dos metros bajo tierra, en el asiento del copiloto del coche de su hermana. A los 13 años tuvieron un accidente de tráfico y ella falleció en el acto. “Cuando te ocurre algo así nunca acabas de superarlo. He estado culpándome durante años porque aquel día me llevaba a clases de piano. Si te fijas, todos mis personajes se culpan por sus actos”.

Alan Ball ha establecido un curioso sistema en el que cada guion se convierte en una terapia para superar ese trauma (y sus variantes). La muerte se mezcla con los conflictos que emanan del amor no heteronormativo y las familias disfuncionales. El tío Frank (Amazon), su nueva película , no es una excepción. En esta ocasión se enfrenta al trauma de salir del armario a través de la historia de Frank (Paul Bettany), un maduro profesor universitario en la América profunda de los años setenta. ¿Se parece el outing de su personaje al suyo? “Bueno, algo hay. Yo tenía 33 años cuando viajé de Nueva York a Georgia para decirle a mi madre que era homosexual. Ella me dio a entender que siempre lo había sabido, y que mi padre también lo era. De ese momento, y de una anécdota que me contó acerca de él y otro hombre, surge El tío Frank”.

El guion, de nuevo como terapia, aunque esta vez todo es más optimista. “Creo que nunca es tarde para sanar las heridas de cualquier cosa que te haya ocurrido en la vida, por terrible que sea. No necesitas ser joven para sobreponerte a las desgracias. La redención de Frank es parte de ese proceso de curación de mi propio dolor, en el que llevo trabajando desde que escribo”. Budista confeso, le preguntamos por su proceso creativo, y su empleo de la meditación. “No es algo consciente, pero según desarrollo las historias, hay un momento en el que asocio todo el guion a un concepto. Y eso es lo que vertebra lo que ocurre. Y en este caso se trataba de la curación. La de mi personaje, la mía y, espero, la de los espectadores que vean la película”.

Ball empezó a emborronar guiones en sitcoms como Grace al rojo vivo o Cybill. Sorprendió al mundo de Hollywood con su guion de American beauty (Sam Mendes, 1999) y sus icónicas imágenes de una bolsa de plástico llevada por el viento y una bañera de pétalos. Gracias al personaje de Lester Burman, que empezaba cada día con el saludable hábito de “cascársela en la ducha”, ganó el Oscar al mejor guion original y el mundo cayó rendido a sus pies. Entonces hizo algo revolucionario: decidió irse a la televisión y firmar una obra maestra como A dos metros bajo tierra (HBO, 2001-2005). Lo hizo, además, con una frase que pasó a los anales de la historia: “En televisión tienes más libertad que en cine”. La pequeña pantalla lo recibió con vítores y fanfarria, pero Hollywood, tan aficionado a hacer listas, lo puso en la carpeta de “díscolos”.

Pese a su prestigio televisivo, acrecentado con los sensuales y sexuales vampiros de True blood (HBO, 2008-2014), El tío Frank solo es su segunda película como director. La primera fue Towelhead (2007), hace 13 años y pasó casi inadvertida. Para alguien con su prestigio, no deja de ser una anomalía.

Para Alan Ball, es una cuestión estructural: “Quiero hacer películas sobre gente real que hablen de problemas reales. Eso en Hollywood no se lleva”. Protesta en modo ráfaga por lo mucho que le ha costado levantar el proyecto… y por la vida del guionista en general. “El guion de El tío Frank gustaba, pero todo el mundo me decía: ‘Mira, me encanta cómo está escrito, me encanta la historia, pero no va a hacer dinero’. Las cosas han ido a peor desde American beauty y ahora todavía tienes menos libertad… Todo son películas de superhéroes que no me interesan para nada. Y, por si fuera poco, es imposible contar tus historias en televisión, porque con tanta oferta lo más probable es que pasen desapercibidas”.

Tras tan alegre afirmación, da un poco de terror preguntarle cómo ve el futuro. “No lo sé. Tengo el despacho lleno de proyectos, así que en cuanto me den luz verde los sacaré adelante. Estoy acostumbrado a rodar con poco dinero. Eso sí, no voy a involucrarme en una serie de muchas temporadas. Resulta extenuante y estoy demasiado mayor como para meterme en algo así”.

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