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Coronavirus: del Gran Hermano a la Gran Hermandad

App de cntrol de afectados en Singapur.App de cntrol de afectados en Singapur.CATHERINE LAI / AFP

Desde que visionarios como George Orwell comenzasen a ver en la tecnología un instrumento de monitorización en tiempo real, el Gran Hermano ha sido visto como uno de los grandes enemigos de la libertad. Y el desarrollo de los acontecimientos del mundo real, cada vez más cercano a la ficción, ha contribuido a ese miedo del ojo que todo lo ve. Particularmente, en Europa.

El viejo continente, celoso de la privacidad de sus ciudadanos, ha tratado durante años de proteger los datos y la geolocalización frente a los grandes actores de la tecnología, normalmente ubicados en EEUU y Asia. Ha tratado ya sean gigantes de internet o fabricantes de smartphones. A esto no ha ayudado el uso que en los países autoritarios se ha hecho de estas herramientas, tratando de mediar en la opinión pública mediante el control de la información. Ya fuese porque detrás había intereses comerciales o de poder, hasta ahora resultaba totalmente comprensible querer blindar todo lo posible información tan privada como dónde nos encontramos o si estamos enfermos.

El mundo, sin embargo, ha cambiado en pocas semanas. La cesión de nuestra privacidad ya no es una cuestión comercial o de poder; es una cuestión de comunidad y de salud pública. Hoy luchamos contra un enemigo invisible con las mejores armas a nuestro alcance, y la monitorización es la munición necesaria para que sean efectivas.

Estos meses de batalla contra el Covid-19 han demostrado que el aislamiento baja la infección generalizada. Lo hemos visto en países como China, que ha conseguido plantar cara al virus, y después lo hemos aplicado en Italia y España, que están siendo particularmente castigadas por la pandemia. A medida que avance el tiempo, veremos cómo esta medida resulta efectiva también en Europa. Aunque la infección vive ahora su peor momento, gracias al confinamiento el saturado sistema sanitario comenzará a ver la luz en las próximas semanas. Cuando se controlen los contagios y sea posible suavizar las restricciones, los ciudadanos tendrán que volver a trabajar, ya que si no tenemos economía, no tenemos Sanidad… y no tenemos nada.

Sin embargo, ni un confinamiento absoluto o un escenario en el que comenzamos a salir de casa con cierta cautela no servirán de nada sin seguimiento: es necesario el uso de una app como la que han utilizado con éxito en países como Corea del Sur. Esta app tendrá que conocer dónde se encuentra el usuario infectado y dar a conocer dónde se encuentran posibles focos de infección para poder evitarlo. Deberá pedirle que se tome la temperatura todas las mañanas y, si tiene fiebre, lo pueda reportar a través de la app y no ir a trabajar.

En Europa, con mucho recelo, se están dando pasos en este sentido. La mayor operadora de telefonía de nuestro país ha accedido a la petición de la Comisión Europea para facilitar datos de los teléfonos móviles de sus clientes para facilitar el seguimiento de la expansión del coronavirus. Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística analizará la movilidad de los españoles “en los días previos y durante el confinamiento”. De esta forma, los españoles tendrán que abandonar sus fundados miedos a la invasión de la privacidad para contribuir al bien común y apoyar a toda la comunidad, que en este caso debe de estar por delante de la privacidad individual.

Por supuesto, no podemos fiarlo todo a la información que nos proporcione esta herramienta. El uso de una app que otorgue más información debe combinarse con una serie de medidas clave, que también han sido de gran efectividad en países asiáticos que han conseguido frenar al coronavirus.

Tenemos que diagnosticar a la gente de una forma más efectiva y masiva de lo que lo estamos haciendo mediante centros en los que la gente vaya a hacerse una prueba una vez cada dos semanas o todas las semanas. Esto habrá que hacerlo de manera aleatoria y no únicamente a aquellas personas con síntomas para tener una idea del porcentaje de la gente que está infectada, puesto que todo parece indicar que las cifras reales son muy superiores a las oficiales (según una investigación publicada esta semana por la prestigiosa universidad británica Imperial College London, la cifra de infectados en España podría ascender a siete millones de personas, un 15% de la población).

Con suerte descubriremos que mucha gente está ya inmunizada. También tendremos que promover un uso más extendido y normalizado de mascarillas una vez que empecemos a salir a la calle. Por último, será vital aislar a pacientes especialmente vulnerables a la enfermedad, como personas personas mayores o aquellas con patologías previas, que concentran el mayor número de víctimas (algo que, por otra parte, también se podría controlar gracias a la app).

Sin duda, no va a ser fácil. Asumir todas estas medidas va a suponer sacrificar algunas de las cosas que más nos preocupan como individuos. Sin embargo, a medida que vayamos recuperando la normalidad en los próximos meses, el seguimiento y el confinamiento nos ayudarán a recuperar la salud y terminarán por no ser necesarios. Por ejemplo, todos aquellos que estén inmunizados ya no necesitará tomar estas precauciones, ni usar la app. Tendremos que demostrar paciencia, disciplina y generosidad para someternos a estos controles, nuestro compromiso con la comunidad. No será sencillo y es normal tener miedo, pero juntos -y más conectados que nunca- lo conseguiremos.

Martin Varsavsky es empresario e inversor y fundador de Jazztel, Overture y Goggo Network

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