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Conexión Bettoni-Casemiro

De pie sobre la banda, con la gabardina oscura, impolutamente planchada, abrochada hasta el último botón, y las manos en los bolsillos, David Bettoni contempló con alivio cómo su pizarra dio resultados al cuarto de hora. “Bien, Toni”, se le entendió musitar tras el 0-1. Toni Kroos había botado un córner y Casemiro había cabeceado a la red desde el punto de penalti ante la floja oposición de Lejeune.

La pizarra de Bettoni tiene un carácter teórico, casi virtual. Valdebebas no es de esos lugares donde los jugadores machacan la estrategia hasta el hartazgo. La Ciudad Deportiva es más un espacio de librepensadores. Las jugadas allí se ensayan poco en el campo de entrenamiento, y la preparación se fragua en las conversaciones del ayudante del técnico francés con los futbolistas y en las sesiones de vídeo.

De momento, la política produce sus efectos. La misma acción que abrió el marcador en Mendizorroza sirvió para empezar a ganar al Atlético a mediados de diciembre. “David, que está con el balón parado, puede estar contento”, comentó entonces Zizou. “Se nota que he trabajado”, remató ese día el brasileño. Con el de Vitoria, el medio escoba de los blancos sumó su quinta diana este curso.

El eje Casemiro-Bettoni allanó el espinoso trance que se le presentaba al Madrid. Tres días después del petardazo ante el Alcoyano, Zidane volvió (vía telemática) a lo suyo, y colocó de inicio su plan A, sus jugadores cada vez más preferidos, muchos de los cuales, en realidad, tampoco pudieron en la prórroga contra un Segunda B recién ascendido que jugó los minutos finales con un hombre menos. Salvo la baja de Carvajal y la obligada inclusión de Militão en ausencia de Ramos y Nacho, ante el Alavés no faltó nadie. Marcelo, Isco, Vinicius, Odriozola y Lunin regresaron a su rincón habitual. Hazard, Asensio y Benzema recuperaron su sitio en el escaparate.

El teléfono rojo de ZZ

Y, empezando por la pizarra, la apuesta resultó provechosa. Hasta hubo algún brote verde de Hazard. Necesita algo, vino a decir, casi implorar, Zi[/TEX]dane después de caer en las semifinales de la Supercopa de España contra el Athletic en otra floja actuación del belga. Ese algo fue su participación en el 0-2 y 0-3 en Mendizorroza. En el primero dejó pasar, o quizás tocó levemente el balón, para que Benzema apuntillara a Pacheco. Su maniobra resultó, en todo caso, clave para que el francés se citara con el portero local. Y, al borde del descanso, recibió un pase en largo de Kroos que definió sin problemas. Alcanzada la hora de juego, dejó paso a Vinicius. “En el Chelsea fue un jugador y ahora en Madrid tiene que hacer otra historia”, analizó Benzema, que reconoció la “dura semana”.

Esos dos goles fueron el tesoro que tantas veces echó en falta Zidane esta temporada. En varios patinazos, la única explicación pública que ofreció el entrenador blanco fue la falta de tino en ataque para poner el segundo y cerrar los partidos. De hecho, esa fue la razón expuesta el pasado miércoles en la sala de prensa de El Collao tras caer en Copa ante el Alcoyano, un Segunda B. Igual que tres semanas antes en Elche. No le sobran los goles al Madrid. Antes de los cuatro que metió en Vitoria, su producción en Liga era la segunda más baja de las últimas 14 temporadas (30 en 18 encuentros, solo empeorada por los 26 de la reciente 2018-19).

El inicial de Casemiro aplacó el buen arranque del Alavés, que empezó el duelo forzando una pérdida del brasileño en defensa, con un cabezazo de Joselu y un disparo muy peligroso de Martin Aguirregabiria. Era el día del centenario del club local y los muchachos de Abelardo salieron sin éxito a la carga. Volvieron a dejarse ver al comienzo de la segunda parte, pero el segundo emboque de Benzema tras el de Joselu zanjó definitivamente la cuestión. Entonces, David Bettoni, sentado en el banquillo, recibió una llamada del teléfono rojo de Zidane.

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