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¿Cómo se debería tratar a los alumnos con autismo y otras necesidades de apoyo educativo?

Los niños con autismo siguen sin tener una plena inclusión en la sociedad y esto no es por su culpa, no son responsables, sino del desconocimiento de algunas personas que conviven con ellos, que les cuidan e, incluso, que les enseñan. Cada poco tiempo surgen noticias de que un menor con este trastorno ha sido expulsado de clase, de un autobús escolar o de su centro de educación especial, vivencias que ellos, a veces, no entienden, pero que les dañan profundamente, y no solo a ellos, sino también a sus familias y a todo su entorno.

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Muchas veces estas situaciones desagradables acaecen por la falta de formación y de información veraz que todavía existe en la sociedad acerca de los Trastornos del Espectro del Autismo (TEA). Ser conscientes y atajar estas deficiencias puede conseguir la plena adaptación e inclusión de estos menores en la sociedad, en el colegio. El número de niños en edad escolar con autismo podría rondar los 50.000 en España; mientras que en Europa y Estados Unidos se estima que existe una prevalencia de un caso de Trastornos del Espectro del Autismo (TEA) por cada 150 niños en edad escolar, según Autismo España.

“En las últimas semanas, están saltando en la prensa muchas noticias sobre niños con necesidades de apoyo educativo que han tenido que ser cambiados de sus centros escolares por, digamos, mala praxis de maestros con los que estaban”, cuenta la experta Pilu Hernández Dopico, diplomada en Magisterio y Educación Especial y Maestra de Educación Especial, Audición y Lenguaje. “Y para qué no ocurra esto debería estar vigilado, porque que seamos funcionarios no quiere decir que lo tengamos ya todo hecho (…) recordar que estamos trabajando con personitas que tienen un corazón y sobre todo tenemos que ser empáticos, recordar que debemos tratar a esos niños y niñas como si fueran nuestros hijos”, añade Hernández.

Para Hernández, es esencial que no hagamos lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros: “Esto sería mucho más fácil si desde las facultades hiciéramos llegar a todos los futuros maestros cómo hay que atender a los niños con necesidades, con autismo”. “Muchas veces”, prosigue, “y cada vez es más palpable la inclusión en las aulas de coles ordinarios, lo que es una noticia fabulosa, pero cada vez hay más maestros que me dicen: Me ha llegado un niño con estas características y no sé qué hacer. Por lo que pedimos más formación, y por parte de las administraciones, más cursos prácticos, porque la teoría está muy bien en los libros, pero luego hay que llevarla a la práctica y eso es en lo que muy pocos sitios, se enseña”.

Cuando un niño está diagnosticado con autismo, los maestros debemos tener en cuenta las necesidades educativas especiales que necesita, y esas necesidades pueden ser muy diferentes entre unos niños y otros con TEA. Por ejemplo”, continúa, “si un niño concreto con la canción de cumpleaños feliz va a reaccionar con una crisis, evidentemente ese tutor trabaja con ese menor ese tipo de atención concreta. Por otro lado, si queremos que estos estén más incluidos en el sistema de educativo, en realidad, cualquier niño es diferente, tenga o no autismo, siempre va a tener unas necesidades determinadas, por lo que debemos de atender a esas necesidades individuales de cada uno de ellos”, incide. “A todos nos gusta una sonrisa, a todos nos gusta una palmada, a todos nos gusta una normalidad. Todos somos diferentes. Todos tenemos un lado que no distingue del resto, por lo que no hay que hacer ningún tipo de diferencia”, explica Hernández. En cuanto a sus compañeros, la profesional indica que no hay que hacer nada especial. “Cada alumno es diferente y tiene sus peculiaridades, los compañeros lo único que han de hacer es incluirlo en el grupo como un alumno más”, sostiene.

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Autismo, ¿qué es y cuáles son sus síntomas?

El DSM-5, biblia de la Psiquiatría, describe a los Trastornos del Espectro del Autismo, dentro de los Trastornos del Neurodesarrollo -grupo de afecciones que aparecen de forma precoz en la infancia-. Estos niños se caracterizan por dificultades persistentes en la comunicación social y en la interacción social en diversos contextos; patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades. Los síntomas han de estar presentes en las primeras fases del período de desarrollo (pero pueden no manifestarse totalmente hasta que la demanda social supera las capacidades limitadas, o pueden estar enmascaradas por estrategias aprendidas en fases posteriores de la vida. Estos causan un deterioro clínicamente significativo en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento habitual, y estas alteraciones no se explican mejor por la discapacidad intelectual (trastorno del desarrollo intelectual) o por el retraso global del desarrollo, ya que la discapacidad intelectual y el trastorno del espectro autista con frecuencia coinciden.

Los síntomas más característicos de estos pequeños son el contacto ocular y la sonrisa social”, añade la experta. “Sus síntomas se desarrollan progresivamente y en algunos casos aparecen como signos precoces los primeros meses de vida. Posiblemente el primer signo que se ha identificado ha sido la disminución del contacto ocular que se hace visible entre los dos y seis meses de vida”, prosigue la experta. Según mantiene Hernández, otro signo precoz es la disminución de la sonrisa social, aunque a partir de los seis meses también pueden aparecer síntomas sensoriales o alteraciones más inespecíficas, como alteraciones motrices: “Alrededor de los 15 meses estos síntomas serán más evidentes”. Por todo esto, los niños con autismo pueden presentar comportamientos extraños y que resulten incomprensibles para algunas personas. Son menores que pueden no responder a su nombre ni mirar a la fuente del sonido: “Parecen estar siempre o ausentes”.

“Además”, prosigue Hernández, “a muchos les gustan los juegos repetitivos; no suelen compartir intereses con los demás, suelen repetir palabras y frases; sus intereses son obsesivos y pueden presentar estereotipias como, por ejemplo, aletear las manos, mecerse o girar en círculos. Ante sonidos agudos, olores, textura o colores, pueden tener reacciones inesperadas”, concluye. Todo esto se debería conocer y tener en cuenta para poder interactuar con ellos, tanto en la teoría como en la práctica.

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