Lo último

Cómo se cuida a las víctimas y a los públicos vulnerables

La información está ligada, en muchos casos, a la tragedia o la muerte: conflictos bélicos, terrorismo, abusos sexuales, migraciones… Ahora también a la pandemia provocada por el coronavirus. Los periodistas tienen la obligación de informar de estos hechos cuidando tanto de las víctimas, como de los lectores, que no solo acuden al texto, sino que observan las imágenes. Estos días en los que los muertos por la COVID-19 se cuentan por miles, las fotografías y vídeos son cruciales para contextualizar la información, pero pueden crear un gran impacto emocional en el lector. El director de Vídeo, Carlos de Vega, y el redactor jefe de Fotografía, Cristóbal Manuel Sánchez, explican qué criterios se siguen para decidir qué es lo que se publica en estos casos.

Las fotografías y vídeos que recogen drama y violencia son las que suscitan un mayor cuidado por parte de la redacción. El Libro de Estilo de EL PAÍS estipula que “las imágenes desagradables solo se publicarán cuando añadan información”. De Vega explica que esto sucede “en los casos en los que la violencia es la parte central de la noticia o en los que esas imágenes son imprescindibles para comprender la historia con su contexto”.

Es lo que ocurre con muchas de las escenas que propicia la crisis del coronavirus. EL PAÍS ha publicado imágenes de féretros saliendo de hospitales y residencias, así como entrando en camionetas en las improvisadas morgues. “También publicamos, desde el momento en que tuvimos acceso, imágenes de una morgue improvisada en un aparcamiento de Barcelona”, recuerda el redactor jefe de Fotografía. Las instantáneas se han obtenido “con mucha dificultad en la mayoría de los casos”.

Protección y respeto

El Libro de Estilo de EL PAÍS dedica un apartado a la imagen. Así, estipula la prohibición de manipular las fotografía o el valor notarial de las mismas.  También dicta que ha de protegerse a los menores de edad, siempre que la imagen pueda perjudicarles ahora o en su futuro, y a los miebros de las fuerzas de seguridad. Aquellas personas acusadas de algún delito que no hayan sido declaradas culpables no deben ser mostrados llevando esposas. En otro apartado también indica que se ha de proteger la identidad de las víctimas de delitos sexuales así como de aquellos menores de edad que comentan algún delito.

Esto no quiere decir que cualquier imagen sobre el coronavirus pase el filtro de la publicación. Sánchez explica que existen numerosas formas de mostrar con una fotografía el drama de un hecho: “Si estamos contando un bombardeo en Siria, donde hay varios niños muertos, tenemos la obligación de mostrar esa tragedia con toda su crudeza, pero no hay por qué enseñar los cuerpos destrozados de manera escatológica. Es igual de informativo hacerlo, por ejemplo, a través de la expresión de dolor e impotencia de un padre junto a los cuerpos ya cubiertos de los niños”.

La prohibición o falta de acceso a algunos espacios en este periodo de Estado de alerta, como las morgues, es en opinión de Sánchez “un error”, ya que las filtraciones son inevitables y esto puede suponer que se difunda una imagen fuera de contexto. “Esta será la que verán los ciudadanos, en vez de la realidad tomada desde el respeto por un profesional con valores. Al final, el ciudadano, perderá la oportunidad de conocer, por ejemplo, el trabajo respetuoso y meticuloso que sin duda están realizando las personas que velan los féretros”, abunda el fotógrafo.

La imagen a debate

Algunas imágenes recurrentes a lo largo de los años han requerido debates internos, como el caso de los vídeos donde el ISIS ejecuta a prisioneros o muestra masacres terroristas. Cuando comenzaron a surgir se llegó a la conclusión de que se trataba de “pura propaganda de la organización”, como la define De Vega, con lo que se evita su publicación. Los vídeos que sí deciden divulgarse porque aportan información van acompañados de una alerta previa en la que se puede leer: “Estas imágenes pueden herir su sensibilidad”. Añade el director de Vídeo que en algunas ocasiones también se oscurecen parte de las imágenes o las caras de los protagonistas accidentales, así como a los menores de edad.

También en la sección de fotografía se han mantenido estos debates, siempre “desde el respeto a las víctimas y a nuestros lectores”, enfatiza Sánchez. Es el caso del cadáver del niño Aylan en una playa de Turquía, en 2015. El periódico optó por publicar una de las imágenes en las que no se mostraba la cara del niño.

Leave a Reply