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¿Cómo puede Centroamérica mitigar los efectos económicos del coronavirus?

El mundo afronta una dura prueba con la pandemia del coronavirus. Centroamérica y República Dominicana no son una excepción. El foco ahora es contener la crisis sanitaria, pero es importante no perder de vista la económica que le seguirá y, sobre todo, evitar que se convierta en una crisis social que afecte a los más vulnerables.

Hasta la fecha el número de casos de coronavirus en Centroamérica es bajo, pero la experiencia muestra que puede crecer exponencialmente en ausencia de medidas drásticas y efectivas que eviten la sobredemanda del sistema sanitario. Estas acciones son de especial relevancia en los países con recursos y sistemas de salud limitados como los de Centroamérica donde, por ejemplo, Honduras, Nicaragua y Guatemala tienen menos de una cama de hospital por cada 1.000 habitantes, frente a las tres de España o las ocho de Alemania.

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Al tiempo, surge la preocupación por los efectos económicos de la pandemia. Internamente, por el entorno de incertidumbre resultado de los brotes domésticos, así como por los efectos de las medidas de prevención y contención en la economía. Esto va a tener un impacto directo en las finanzas públicas, la productividad y la actividad, o la caída del consumo e inversión.

Externamente, los efectos económicos vienen de la vinculación con el mercado global, en el caso de Centroamérica principalmente de la caída en la actividad económica del principal socio comercial, inversor y fuente de remesas: Estados Unidos. Pero también por aspectos como la reducción del turismo o el potencial impacto en la producción doméstica por falta de bienes intermedios de China. En contraste, la bajada del precio internacional del petróleo mitiga los efectos negativos previos ante su importante peso en las importaciones totales, con alrededor del 10% del total en la región, aunque también podría influir el precio internacional de otras materias primas de exportación como cobre y café. Finalmente, la aversión global al riesgo endurece las condiciones de financiamiento de los países emergentes y deprecia sus monedas.

Todos estos factores podrían suponer una caída en el crecimiento centroamericano de alrededor de cuatro puntos porcentuales del PIB, similar al que se espera en la economía global, aunque el impacto final dependerá mucho de la economía estadounidense. En comparación con el resto de Latinoamérica, por otro lado, Centroamérica es menos vulnerable en la dimensión externa gracias a su menor exposición a China y a la exportación de productos primarios en lugar de materias primas, pero más vulnerable en la dimensión interna debido a la fragilidad de sus sistemas de salud y a una mayor proporción de la población en situación precaria.

Con un enfoque social, se ha retrasado el pago de hipotecas y otros créditos, indemnizado por pérdida de empleo, suspendido alquileres y controlado los precios de la canasta básica

Ante la emergencia sanitaria, las reglas están claras: distanciamiento social, lavado de manos, desinfectar frecuentemente. Ante la emergencia económica, vale la pena preguntarse: ¿cómo deben ser las políticas que se implementen para mitigar sus efectos?

Primero, deben tomar en cuenta tres prioridades: apoyar la política sanitaria para reducir el ritmo de contagio, mantener los empleos y las empresas viables para permitir una mejor recuperación tras la emergencia y, finalmente, mitigar los efectos en la población más vulnerable, como la que forma el sector informal. Además, en un entorno de espacio fiscal limitado y condiciones de financiamiento más restrictivas, todas las medidas deben ser temporales, con un diseño preciso para alcanzar su objetivo y a los más necesitados, además de evaluar su beneficio social y costo fiscal a fin de priorizarlas.

En el caso de Centroamérica, todos los países han implementado ya medidas de apoyo económico, distintas según el nivel de contagio y los recursos disponibles. Por el lado fiscal, se ha diferido el pago de impuestos y cotizaciones sociales, aumentado la asignación presupuestal, hecho uso de los fondos de estabilización, eliminado el impuesto a la importación de bienes básicos y médicos, y se ha agilizado el proceso de compras públicas. Por el lado monetario, los países han reducido su tasa monetaria, el encaje y el requerimiento de liquidez a la banca e implementado subastas cambiarias. A nivel sectorial, se han tomado medidas de apoyo al turismo y comercio al por menor, moratoria en el pago de préstamos y prioridad a compras nacionales agropecuarias. Con un enfoque social, se ha retrasado el pago de hipotecas y otros créditos, indemnizado por pérdida de empleo, suspendido alquileres y controlado los precios de la canasta básica.

La situación de emergencia justifica la urgente aplicación de este tipo de medidas. El futuro hace importante reflexionar sobre ellas, asegurando que se toman de forma solidaria, priorizando el apoyo a los más afectados y garantizando la sostenibilidad de políticas públicas en el mediano plazo.

Marta Ruiz-Arranz y Arnoldo López Marmolejo son, respectivamente, asesora económica principal y economista líder en el departamento de países de Centroamérica, Haití, México, Panamá y República Dominicana (BID). Ambos son coautores del informe ‘El impacto del Covid-19 en las economías de la región: Centroamérica, Haití, México, Panamá y República Dominicana’.

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