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Cómo la fingida naturalidad de Josefina Bonaparte cambió la historia del traje

En una de las estancias de la maison Chaumet situada en la parisina Place Vendôme, hasta hace muy poco podía contemplarse un enorme libro de cuentas que perteneció a Josefina Bonaparte y en el que se detallaban minuciosamente los tipos y cantidades de tela que la emperatriz necesitaba para sus vestidos, cómo y dónde quería confeccionarse los zapatos y las joyas que encargaba. Mientras Napoleón dormía, ella se arreglaba, se levantaba de madrugada para prepararse, “lo tenía absolutamente todo detallado al milímetro”, explica Pierre Branda, quizá el mayor especialista en la pareja. Con más de quince libros sobre el Primer Imperio a sus espaldas, el historiador se ha encargado de algunas de las exposiciones con las que París conmemora este año el bicentenario de Napoléon Bonaparte. “Conmemora, pero no celebra”, matizaba Emmauele Macron la pasada primavera.

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