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Cómo es ligar por internet cuando tienes diversidad funcional

La primera vez que Oyirum probó una app de ligue, omitió en su perfil un detalle importante: la silla de ruedas. “Tenía dieciocho años recién cumplidos y estaba muy recelosa de mi identidad”, cuenta a Verne por teléfono. “Fue muy mal”, se ríe ahora.

Las apps de ligue tipo Tinder han abierto un mundo de posibilidades para conocer gente nueva y potenciales parejas. Pero también han sido muy criticadas por dar una importancia excesiva a la imagen y a los físicos normativos, lo que afecta particularmente a quienes se alejan de ellos. Esto obliga a que muchas personas con diversidad funcional se planteen, como le ocurrió a Oyirum —la identidad que usa en redes desde hace años una estudiante de Biomedicina de 22 años—, hasta qué grado conviene ser sinceros a la hora de presentarse.

Después de aquella primera experiencia, Oyirum decidió que lo mejor sería ofrecer toda la información en su perfil. En primer lugar, según la entrevistada, porque sirve “como un filtro”. Si la diversidad funcional es un problema para alguien, esa persona ya no mostrará interés. Y, segundo, porque aligera la ansiedad extra del “momento de revelación”, como denomina al momento de contárselo a la otra persona.

En el caso de las personas con diversidad funcional, las apps de ligue no solo revelan la presión social por unos cuerpos normativos, sino que también son un espejo del capacitismo, que es como se conocen los prejuicios y la desinformación en la sociedad hacia la vida de las personas diversas funcionalmente. El psicólogo y sexólogo Alejandro Piña, de las clínicas Afines Sexología y Suma Emociones, explica que hay “mucho desconocimiento y estigma hacia estas personas” y que esto puede influir en la experiencia en la app.

Algunas organizaciones denuncian que las personas diversas no deberían cargar con el peso de adaptarse a unos gustos sociales que los discriminan, sino que la sociedad debería aprender a contemplar su situación como una riqueza colectiva. Pero la realidad está lejos de llegar a esa situación, como bien sabe el valenciano Migue Consuegra, de 32 años.

Consuegra es un veterano en el uso de internet para ligar: empezó en chats cuando tenía unos 14 años y luego ha usado apps como Wapo o Grindr, dirigidas al colectivo gay. Después de tantos años ha aprendido que ser transparente desde el primer momento es algo positivo: “Yo siempre he sido muy directo en mis fotografías, he mostrado mi discapacidad de entrada”, asegura. Además, afirma sentirse más seguro así, porque “sabes que para la persona con la que tienes una conversación” la diversidad probablemente no sea “un factor importante”.

Los primeros acercamientos

En un vídeo en su canal de YouTube, Oyirum cuenta cómo reaccionó su padre una vez que a ella se le cayó un condón al suelo. Se quedó sorprendido y enseguida dio por hecho que el preservativo sería de su hermana (que es su melliza, por lo que su deducción no era una cuestión de edad). ¿Cómo iba a ser de la propia Oyirum, con atrofia muscular espinal y en silla de ruedas?

Es un ejemplo de cómo incluso las personas acostumbradas a convivir con ellas muchas veces obvian las necesidades sexuales de las personas con diversidad funcional. Cuando te ponen la etiqueta de persona enferma, cuenta Oyirum en el vídeo, te colocan también la de alguien que necesita que lo cuiden. Eso lleva asociadas la pena y la lástima, el paternalismo y, como consecuencia, la asexualización. Además, esto se acentúa por la escasez de referentes de cuerpos diversos en el imaginario popular. “Algo que no se ve es algo que no se desea”, señala Oyirum en el vídeo. Por todo esto, a muchas personas les puede sorprender encontrarse a alguien con diversidad funcional en una app de ligue.

Ernesto (@PunkTulli en Twitter), que prefiere no compartir su nombre real, tiene 36 años y parálisis cerebral. Él ha probado apps de ligue como Tinder, Adoptauntio.es y Plenty of Fish, y cree que no es posible generalizar cómo reacciona la gente en los primeros acercamientos ante su “tullicidad”, término que prefiere a los “políticamente correctos”.

“Hay personas que no te hablan más, otras que no paran de preguntar y que parece que te van a curar, otras que preguntan lo justo pero con interés, y otras que directamente te dicen me da igual tu discapacidad, tullido de mierda“. Estos últimos, puntualiza, son los menos frecuentes, pero es un trato que prefiere el propio Ernesto porque lo considera más desacomplejado y sincero.

Consuegra, el entrevistado que lleva usando internet para ligar desde los 14 años, apunta que, en su experiencia, lo más habitual es que la gente con la que habla no saque el tema de su diversidad funcional. Es él quien lo hace y siempre deja claro que si alguien tiene una pregunta, que se la haga, que no le molesta la curiosidad. “Así también se rompe el hielo de la situación”, dice. “Para mí es mi vida, para mí es muy natural, pero hay un desconocimiento importante por parte de la gente”, relata.

Esta afirmación concuerda con el planteamiento del psicólogo Alejandro Piña, para quien el uso de estas apps por parte de personas con diversidad muchas veces acaba convirtiéndose en una forma de reapropiarse y reorganizar uno de los muchos espacios en los que normalmente no son visibles. “Las personas con diversidad funcional no tienen la responsabilidad de educar a la población y reducir el estigma”, puntualiza el experto, “pero sí que pueden contribuir a ello”.

Consuegra, que conoce bien este tipo de aplicaciones, sí ha percibido el cambio en algunas actitudes y en el conocimiento de la gente. Ahora lo encuentra “muchísimo más normalizado”, afirma. Sin embargo, puntualiza que habla desde su experiencia y que otras personas pueden haber vivido algo distinto.

El momento de la cita

Una vez pasada esa primera fase de chateo, el siguiente paso para los usuarios de estas apps es quedar en persona, algo que han hecho todos los entrevistados en más de una ocasión. “Sigue costando más en silla de ruedas, como también nos cuesta más tener una cita a la vieja usanza y sin utilizar apps”, admite Oyirum. Pero sí reconoce que internet es “una herramienta útil”.

Es una afirmación con la que coincide el psicólogo Gabriel Pozuelo al hablar de estas aplicaciones: “La facilidad o dificultad viene a ser la misma” que en el mundo real, pero señala que las apps sí ofrecen “más oportunidades”. Y es que internet ya se ha convertido en la manera más común de encontrar pareja. Un estudio reciente de la Universidad de Stanford (en pdf) demostraba que el porcentaje de parejas heterosexuales que se han conocido virtualmente ha crecido desde el 2% en 1995 hasta el 40% en 2017.

Cuando finalmente se queda con alguien, el hecho de ser una persona con diversidad funcional ya no tiene demasiada importancia, según la experiencia personal Oyirum. El hecho de que ella no haya sacado ninguna relación de estas citas no se debe tanto a su silla de ruedas como a una cuestión de afinidad con las personas con quienes ha quedado. Eso sí, hay un detalle que no puede perder de vista en sus encuentros: ella escoge dónde quedar para asegurarse de que se trata de un lugar accesible.

Ernesto habla también de las afinidades. Para él, si hay conexión mental, “el aspecto físico pierde importancia”. Él ha quedado con unas “doce o quince personas”, y de todas se ha llevado “al menos una cerveza”. Con una chica sí llegó a mantener una relación de un par de meses, aunque dice que lo mejor que ha sacado de las apps ha sido “una gran amistad con otra chica”.

Sus recomendaciones

Todos los entrevistados pasaron un día de pensar en usar este tipo de aplicaciones a hacerlo, pero hay gente que no termina de decidirse. Oyirum cree que es buena idea, siempre que vayan tranquilos y sabiendo que, aunque se encontrarán con “mucho gilipollas”, también es una experiencia muy entretenida y divertida. Además, insiste en lo de ser transparentes, que no intenten ocultar nada “porque no hay nada malo”.

También habla sobre cómo filtrar a las personas con las que chatean según sus reacciones. Hay que sospechar, dice, de los que solo quieren hablar de la diversidad, pero también de los que ni la nombran. “Es uno de los primeros errores que yo cometía —explica—. Si no nombraban la silla yo creía que era bueno porque no le daban importancia, pero sí que se la daban, y mucha”.

Migue Consuegra, que desde hace tiempo ha convertido Instagram en su aplicación principal para ligar, añade que es importante saber que la experiencia que se tenga va a depender “del momento en el que estés de tu vida”. Dice también que no hay que cerrarse. Y sentencia: “Si tienes curiosidad, no hay nada mejor que intentar saciarla”.

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