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Cinco errores comunes que hay que evitar en una videoentrevista de trabajo

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Ha llegado el gran día. Por fin tienes esa entrevista para el trabajo que tanto deseas y es, por gracia (o desgracia) del destino, a través de una videoconferencia. Desde tu casa. Te preparas mentalmente, repasas tu discurso y te colocas frente a la pantalla. Todo va bien, argumentas con serenidad y fluidez, estás convencido de ser el candidato perfecto y notas que tu interlocutor comienza a darse cuenta. Entonces tus gatos deciden robarte el protagonismo. Cual guerrilleros domésticos, toman el salón, trepan por la estantería situada detrás de tu imagen de trabajador comprometido y arrasan con los títulos, las fotos enmarcadas y los adornos. Touché. Game over.

La anécdota, a caballo entre la comicidad y el escalofrío, es real. Le sucedió hace unos días a uno de los candidatos que entrevistó el responsable de Talento de la Escuela Internacional de Liderazgo y Desarrollo del Talento, Juanjo Marle. “El chico se puso supernervioso, me pidió perdón mil veces y yo le dije que no se preocupara. Al final todos somos humanos y estas cosas pueden pasar, aunque sí que hay una serie de elementos que debemos intentar controlar a la hora de afrontar una entrevista por videoconferencia”, avanza el experto. Para que ni tus gatos ni ningún otro factor espontáneo arruinen una entrevista laboral en tiempos de confinamiento, Marle ha desarrollado un decálogo con cinco recomendaciones para salir airosos del trance. Con suerte, si lo sigues también abandonarás la reunión con una nómina bajo el brazo.

Construye un fondo perfecto, pero formal

“El matiz fundamental es que ahora en una entrevista de trabajo el entorno sí depende de ti, no como cuando acudías a una oficina y te venía dado. Así que el escenario tiene que estar preparado”, dice el captador de talento. No cuidar al máximo todo lo que el entrevistador verá durante la conversación es uno de los principales errores de los candidatos. Se trata de un arte en el que Carolina, una bióloga de 37 años, va camino de convertirse en toda una experta. Como hace falta mucho personal de su área de conocimiento para practicar las pruebas de diagnóstico PCR, que se usan para detectar la presencia del coronavirus que causa la covid-19, ha hecho dos videoentrevistas de trabajo solo en lo que va de confinamiento. “Elijo mi habitación —dice—, cuidando de que no salga mi cama, o un cuarto que tengo a modo de salita de estar, también tranquilo. Y siempre con la luz encendida para que no se me vea oscura”.

El reclutador de talento define el lugar ideal para hacer una videoentrevista laboral como tranquilo y agradable, dos características que pueden ser difíciles de combinar. Sobre todo la primera; un compañero de piso despistado puede tener un efecto mucho más letal que un gato que se encarama a una estantería. Para quienes no viven solos es absolutamente crucial avisar de que la habitación donde se celebrará la entrevista estará vedada mientras la cámara esté encendida. Eso incluye evitar el ruido, empezando por el teléfono propio. “Es fundamental acordarse de apagar el móvil”, subraya Marle.

Una vez el fondo está bajo control, toca intervenir en el primer término de la imagen. O sea, en uno mismo. No pienses, por ejemplo, que el hecho de reunirte por videollamada te ahorrará el maquillaje; Carolina usa colorete y algo de rímel para combatir la palidez que a veces nos da la pantalla. Tampoco te librará de vestirte con la deferencia debida a tus interlocutores, que, recuerda, te abrirán o cerrarán la puerta a su empresa. Aunque hay ciertas licencias que uno puede permitirse. “De ropa llevo una blusa y unos pendientes, pero en la parte de abajo voy en pijama o en chándal”, confiesa la bióloga. En todo caso, cuidado con las excepciones porque, ¿qué habría sucedido si, al ponerse en pie el candidato, en medio de una persecución felina, saliese a la luz que todos los argumentos sobre el compromiso y la seriedad en el trabajo hubieran salido de la boca de alguien que hace las entrevistas en pijama?

“Aunque sea ‘online’, es una entrevista de trabajo y hay mucho en juego, desde un dinero extra al empleo de tu vida. No hay que tomarla a la ligera solo por ver una pantallita y no el logo de la compañía“, advierte el especialista. Y asegura que nuestra puesta en escena nos concede o nos resta credibilidad, y ese es nuestro principal aval a la hora de negociar puntos importantes, como las condiciones y el salario.

No mires a los ojos, mira a la cámara

La fiebre de las videollamadas ha demostrado que posar ante el objetivo no es un trabajo sencillo: hay personas que miran hacia abajo y se aproximan a la pantalla como si quisieran espantar a una mosca (y acercarte demasiado garantiza un rostro completamente deformado, debido a la óptica que usan estos dispositivos), quienes se ponen tan lejos que parecen querer camuflarse con el fondo (y ni siquiera se les oye cuando hablan)… En una conversación informal no tiene demasiada importancia, pero la cosa cambia cuando hay un empleo en juego, en ese momento el rostro debe situarse en el punto justo. Pero lo más importante es hacia dónde mira uno.

“No podemos olvidar mirar a los ojos de nuestro entrevistador [que, en este caso, son la cámara del ordenador] aunque resulte incómodo, porque necesita saber que está contigo y que estás atento a lo que sucede”, dice Marle, quien asegura que el contacto visual sigue siendo la mejor manera de llegar a nuestro interlocutor, por mucho ordenador que haya entremedias. Tomar apuntes también es una buena idea porque transmitirá que estamos atentos y con el foco puesto en la conversación, añade. Y, sin ánimo de ejercer presión, como aspirantes a un puesto hay algo que nos revela sobre los empleadores: están muy atentos a nuestro lenguaje corporal.

Es posible que creamos que algunas de nuestras actitudes o gestos pasan desapercibidos, pero no es así en absoluto. “Si estoy preguntándote durante una entrevista por tu trabajo anterior y te alejas en la silla o cambias de postura, me das pistas para saber que no estás cómodo. El lenguaje no verbal no es una ciencia exacta, pero nos da información valiosa sobre el entrevistado”, explica el captador. Por analogía, Marle explica que algo parecido nos pasaría si lleváramos diez años junto a nuestra pareja y, súbitamente, comenzase a cambiar de comportamiento: que se arreglase más, que empezara a ir al gimnasio, que pusiera contraseña a su teléfono móvil cuando antes no la tenía… “Todos estos factores, por sí solos, no indican nada, pero cuando se produce una acumulación nos pueden poner en alerta de que algo está escondiendo. Lo mismo sucede con la comunicación no verbal en una entrevista”.

Domina la tecnología, y nunca la uses como excusa

Hasta aquí, todo lo que está estrictamente en nuestra mano para contribuir a que la videoentrevista discurra por buen cauce pero, ¿y los imponderables tecnológicos? “Una de las entrevistas que hice fue completamente surrealista, al principio todo funcionaba muy bien pero, de pronto, mi entrevistador no podía oírme y me hacía señas para indicármelo: ‘No te oigo’, me decía muy agitadamente con las manos. Yo comencé a hacerle señas también y así estuvimos, tratando de entendernos, en balde, durante diez minutos. Pasé una tensión horrible, y no me había dado cuenta de que me había escrito a través de la aplicación pidiéndome mi número de teléfono para comunicarnos a través de una llamada”, cuenta la bióloga.

Sí, la tecnología se nos puede rebelar y jugarnos una mala pasada, pero eso no significa que no debamos comprobar detalles técnicos previamente para no vernos perjudicados por problemas evitables. Son aspectos como la conexión a internet, que tiene que ser suficientemente buena como para que no se entrecorte la comunicación. Sobre todo, es importante familiarizarse con la plataforma con la que vamos a mantener la entrevista laboral. No invertir algo de tiempo en ello es un error importante porque, ¿quién va a contratar a alguien que no se ha molestado en controlar la herramienta que usará para conseguir el trabajo?

Para el consuelo de los humildes aspirantes, vale la pena subrayar que no todos los percances corren a cargo del candidato. Por ejemplo, los espontáneos también se cruzan por la pantalla que tenemos enfrente, como le pasó a Carlos Sánchez, que ha hecho varias entrevistas últimamente como responsable de producto para empresas de tecnología, hasta que recientemente ha aceptado una oferta. “Durante el confinamiento en todas las entrevistas aparecía alguno de los hijos del entrevistador, les veía por la cámara pidiendo o preguntando algo, pero hablando muy bajito y muy educados ellos. Todos me avisaron, de hecho, me dijeron ‘no te extrañe cuando aparezca mi hijo por la puerta’. Y nos lo tomamos de una manera natural, graciosa y sin agobios”. Buena estrategia la de avisar, cuando es más que probable que la amenaza se materialice tarde o temprano…

Por último, no hay consejo más importante que el de evitar caer en tentaciones como usar fallos tecnológicos como excusa. “Es fundamental valorar el tiempo de nuestro interlocutor del mismo modo en que lo haríamos si acudiéramos a su centro de trabajo”, concluye el experto. Y llegar tarde cuando ni siquiera has tenido que salir de casa… Eso no encaja el perfil de ningún puesto de trabajo ni de teletrabajo.

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