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China omitió avisar al público sobre la gravedad de la pandemia durante seis días claves de enero

Durante seis días de enero, claves para el desarrollo de la pandemia de covid-19, Pekín no alertó a su población sobre la gravedad del problema aunque ya lo había asumido internamente. Así lo encuentra una investigación de la agencia de noticias estadounidense AP, que cita documentos internos del Gobierno chino y valoraciones de expertos. Para el 20 de enero, cuando finalmente el presidente Xi Jinping alertó al público, ya se habían contagiado más de 3.000 personas, apunta el medio.

Entre el 5 y el 17 de enero China no informó de nuevos casos de lo que entonces era aún una neumonía atípica, aunque ya llegaban numerosos pacientes a los hospitales en Wuhan, según confirman registros internos que cita la agencia. Oficialmente solo había 41 casos. No está claro si no se registraron porque las autoridades locales no los notificaron o porque las autoridades nacionales no los incluyeron en las listas, explica AP. Tampoco está claro qué sabían exactamente los dirigentes locales en Wuhan.

Lo que sí está claro es que “los rígidos controles sobre la información, los obstáculos burocráticos y la resistencia a transmitir malas noticias hacia lo alto de la cadena de mando silenciaron las primeras advertencias. El castigo a ocho doctores por ‘esparcir rumores’, difundido en la televisión nacional, causó escalofríos en los hospitales” de Wuhan, señala la agencia.

Sin estos informes internos, no fue hasta el 13 de febrero, cuando se confirmó en Tailandia el primer caso fuera de China, que las autoridades en Pekín se movilizaron para reconocer que se enfrentaban a una posible pandemia. Solo entonces, denuncia AP, lanzaron un plan nacional para localizar casos distribuyendo equipos para hacer pruebas, chequeando a los pacientes y relajando los criterios para confirmar infecciones: “Todo ello sin informar al público”. Pekín niega haber ocultado información y asegura que desde el principio alertó a la Organización Mundial de la Salud.

El 14 de enero, el presidente de la Comisión Nacional de Sanidad, Ma Xiaowei, celebró una teleconferencia con autoridades provinciales para transmitir las instrucciones del primer ministro, Li Keqiang, y la viceprimera ministra Sun Chunlan. Un memorándum de la reunión obtenido por AP recogía que la aparición de focos (clusters) “sugiere que la transmisión entre seres humanos es posible”. También aludía al caso en Tailandia, del que afirmaba que había “cambiado significativamente la situación” debido a la posibilidad de que el virus se extendiera por otros países. “Con la llegada del Año Nuevo lunar, mucha gente va a viajar, y el riesgo de transmisión y propagación es alto”, agregaba el documento, “todas las localidades deben prepararse y responder a una pandemia”.

Como contestación a la teleconferencia, el Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC) en Pekín lanzó el mayor nivel de respuesta a una emergencia, el nivel 1, el 15 de febrero. Un aviso interno de este organismo indica que se crearon 14 grupos de trabajo que tenían como misión recabar fondos, formar a personal sanitario y recoger datos, entre otros. En la provincia de Hubei, de la que Wuhan es capital, se debían reducir los eventos multitudinarios y comenzar a tomar la temperatura a los ciudadanos en aeropuertos y estaciones de autobús y de tren.

Además, la Comisión Nacional de Sanidad distribuyó a las autoridades de salud provinciales un folleto de 63 páginas con instrucciones, también obtenido por AP. Entre otras cosas, se ordena identificar casos sospechosos, abrir secciones específicas para casos de fiebre en los hospitales y que los médicos y enfermeras lleven equipo protector. Las instrucciones venían marcadas para consumo “interno”, “no divulgar en Internet”, “no difundirse públicamente”.

En público, el mensaje de los funcionarios seguía siendo de tranquilidad. El 15 de enero, el director del centro de emergencias del CDC, Li Qun, insistía en televisión en que “el riesgo de contagio entre humanos es bajo”.

El 20 de enero, Xi Jinping hablaba en público por primera vez sobre el virus y afirmaba que había que “tomar seriamente” el brote y atajarlo. El prominente epidemiólogo Zhong Nanshan anunciaba por primera vez, y en la televisión nacional, que el patógeno se transmitía entre humanos. Un estudio de la Universidad de Southampton en el Reino Unido encontraría después que se hubiera podido reducir en dos tercios el número de contagios si el público hubiera recibido una semana antes avisos de mantener la distancia social y llevar mascarilla, y se hubieran impuesto restricciones de viaje.

Algunos expertos que cita el artículo, no obstante, opinan que el Gobierno chino tomó medidas decisivas en privado, dada la información de que disponían. “Puede que no dijeran lo que debían, pero estaban haciendo lo que debían”, ha indicado el fundador de los Centros estadounidenses para el Control de Enfermedades en China, Ray Yip. “El 20 dieron la alarma a todo el país, que no es un retraso poco razonable”.

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