Internacional

Charles Michel, el negociador que cuadró las cuentas de la UE contra la pandemia

“No dejes que el azar decida por ti”, es el lema que llevó el pasado 21 de julio al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, a rematar con éxito y contra todo pronóstico la mayor negociación financiera en la historia de la Unión Europea. La hazaña selló un acuerdo de casi 1,8 billones de euros, incluido un fondo de recuperación contra la pandemia de 750.000 millones de euros. A Michel le costó cuatro noches seguidas de negociación en la que, según ha confesado, apenas dispuso de una hora y media cada una de ellas para dar una cabezada y refrescarse con una ducha rápida.

Michel aguantó el tipo. Y a sus 44 años, selló un acuerdo que para muchos otros políticos hubiera sido el broche final de una larga carrera. El belga, sin embargo, ha quemado etapas tan rápido que los dos años (como mínimo) que aún tiene por delante al frente del Consejo Europeo parecen como el inicio de una segunda vuelta al marcador.

Michel está acostumbrado a llegar muy pronto a la meta. “Siempre ha querido ser el primero en todo lo que hace”, ha dicho de él Olivier Mouton, autor de una precoz biografía de uno de los políticos europeos con mayor proyección internacional en estos momentos.

Como presidente del Consejo Europeo es el primer alumno de las becas Erasmus que dirige una institución comunitaria. Con la beca completó en la Universidad de Ámsterdam los estudios de Derecho cursados en la de Bruselas. “Me fui como belga y regresé como un europeo convencido”, ha descrito después su experiencia del Erasmus.

Militante desde su juventud del partido liberal francófono MR (Mouvement Réformateur), en 2014, a los 38 años, se convirtió en el primer ministro más joven de Bélgica desde 1841. Antes, con 24, Michel había sido el ministro más joven en toda la historia del país. Y con 18 años ya combinaba los estudios universitarios de Derecho con un puesto político.

La explicación más recurrente para tan meteórica carrera es que Michel vivió la política desde la cuna. Aunque estuvo mucho más apegado a su madre, Martine, hasta la mayoría de edad, fue su padre, Louis Michel, el que marcó el inicio de su carrera política.

El progenitor es uno de los popes históricos de MR y una figura prominente en la política belga (fue ministro de Exteriores) y europea (como comisario durante la etapa de José Manuel Durão Barroso). A su sombra, Charles era para muchos poco más que “el hijo de”. Esa etiqueta le llevó a ser minusvalorado por sus rivales dentro y fuera del partido. Un craso error que pagaron caro.

Para sorpresa de muchos, Michel encabezó una revuelta dentro del partido y se hizo con el timón en 2011. “Es alguien con mucho orgullo y que quiere de verdad tener éxito por sus propios méritos”, había avisado Louis Michel, que para las nuevas generaciones ha pasado a ser poco más que “el padre de”.

Decir de un político belga que es pragmático y abierto a los compromisos solo es repetir que es un político belga. Pero Michel llevó esas características hasta el extremo de formar gobierno con los independentistas y ultraconservadores flamencos de N-VA (Nueva Alianza Flamenca), rompiendo así un tabú en la política del país. En la campaña, en 2014, había asegurado. “Detestamos los nacionalismos, detestamos los egoísmos, así que, claramente, no tenemos nada que ver con N-VA”.

Francófono pero con gran dominio del neerlandés, Michel se mantuvo en el poder durante un lustro en el que las frecuentes tensiones territoriales y lingüísticas del país quedaron aparcadas. Sus aliados flamencos, sin embargo, desenchufaron en diciembre de 2018 el heterogéneo Gobierno, calificado por algunos comentaristas como coalición kamikaze, a raíz de una polémica sobre el pacto migratorio promovido por la ONU.

La caída del Ejecutivo parecía el punto final del ascenso de Michel. Pero logró quedarse en funciones y asistir al decisivo Consejo Europeo de julio de 2019, donde se elegía a la nueva cúpula comunitaria. Michel asegura que fue la canciller alemana, Angela Merkel, la primera que le sugirió la vía europea. Con el apoyo de la canciller y el del presidente francés, Emmanuel Macron, el belga se hizo con la presidencia del Consejo Europeo.

“Vengo de Bélgica, un país con 6 gobiernos, 7 Parlamentos, tres lenguas nacionales y más de 1.000 cervezas”, señaló en uno de sus primeros discursos tras ser nombrado. “En Europa hay 8 grupos políticos en el Parlamento Europeo, 24 idiomas oficiales y 50.000 marcas de cerveza, así que me sentiré como en casa en mi nuevo trabajo. Y desde luego, ¡no será aburrido!”, pronosticó entonces. Poco podía imaginar que se le venía encima la mayor pandemia sufrida por Europa en 100 años y un batacazo económico sin precedentes.

Los focos internacionales no parecen haberle deslumbrado y mantiene un trato muy cercano desde su actual puesto europeo. También mantiene la misma discreción sobre su vida privada, de la que apenas se sabe que tiene dos hijas con su pareja actual, Amélie Derbaudrenghien, y un hijo en edad adolescente de una relación anterior. Apasionado de las motos, afición que inoculó a su padre, practica el tenis y también se le ha visto dar alguna patada, sin demasiada pericia, al balón de fútbol. Sus habilidades culinarias parecen limitadas, aunque es conocido su gusto por las inevitables patatas fritas belgas.

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