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Cesta punta, el último deporte que cierra en Estados Unidos

La empresa del frontón de Dania (Florida) resistió todo lo que pudo, pero al final echó el cierre a la cesta punta, Jai Alai, como se denomina en Estados Unidos. Hasta 36 pelotaris, una treintena de ellos vascos, se quedan en el paro. Fue el último deporte profesional que decidió parar en EE UU. “Aquí el confinamiento no es tan estricto como en Nueva York o en otros estados”, asegura Iñigo Gorostola, vicepresidente de IJAPA, el sindicato de los profesionales de la pelota, “pero al final la empresa, presionada más por la sociedad que por las autoridades, nos ha comunicado que dejamos de jugar, y que nos tenemos que apuntar al paro. En principio, dicen, será durante 30 días, pero quién sabe lo que pasará”.

Gorostola nació en Estados Unidos, porque su padre también fue pelotari, pero pasó gran parte de su juventud en España. “No pensaba que algún día iba a volver aquí, pero ya llevo 18 años”, comenta. “El 17 de marzo cerraron el frontón y el casino, pero seguíamos con el contrato vigente, y el 1 de abril nos comunicaron que se rescindían los contratos temporalmente, por lo que nos íbamos al paro. Cobraremos 875 dólares [810 euros] a la semana. Lo habitual es cobrar 275, pero por la situación, el Gobierno ha complementado esa cantidad. Ya estamos gestionando el asunto”.

La pelota vasca, que se extendió a mediados del siglo XX por muchos lugares de Estados Unidos, ha quedado reducida al frontón de Dania y a unos cuantos recintos más de Florida, por una curiosa ley del juego que sólo concede licencias para máquinas tragaperras y póker a las empresas con frontones, canódromos o hipódromos establecidos en los condados de Miami Dade o Broward, y que están asentadas desde los años cincuenta del siglo pasado. Al margen de esas licencias, sólo los indios semínolas, que fueron los únicos que no firmaron el tratado de paz con el gobierno de los Estados Unidos, pueden establecer casinos en sus territorios, y están construyendo un imperio con los restaurantes de la cadena Hard Rock.

“Así que quedan dos o tres frontones, uno de ellos en Miami, construido sólo para poder tener la licencia de póker. Es una pequeña trampa, porque sólo mide 36 metros, no 50, como los frontones de cesta punta”, dice Gorostola.

Los pelotaris juegan 10 meses al año en Dania. “En teoría, teníamos ahora 15 días de vacaciones. Luego, en verano, hay dos meses, que muchos aprovechan para volver al País Vasco y jugar allí en los frontones. Regresan en septiembre con el comienzo de la temporada, pero este año no sabemos lo que va a pasar”, añade Gorostola.

La huelga que en 1988 mantuvieron los pelotaris vascos de 18 frontones, agrupados en la IJAPA, duró tres años. Fue el principio del fin de la época dorada de la pelota en Estados Unidos, a la que el coronavirus puede apuntillar. “¿Vendrá después la gente a los casinos, a los frontones? La vida puede cambiar mucho cuando esto acabe”, apunta Gorostola.

De momento, ninguno de los 30 pelotaris vascos que se han quedado en el paro tiene intención de regresar a España. Pasan el confinamiento en sus domicilios de Miami. “La verdad es que aquí es menos estricto que en otras zonas de Estados Unidos. Se ven muchos coches por la carretera, y están abiertas hasta las ferreterías, aunque sí es verdad que hay menos gente por la calle”, añade el pelotari mientras espera que el virus no termine con una tradición de muchas generaciones.

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