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Celia Villalobos, la exministra del PP a la que le tocó jugar con el equipo rojo

Celia Villalobos (Benalmádena, 1949) vuelve a ser una debutante bisoña después de 33 años en el Congreso y cuatro décadas en la carrera política. Lo que ocurre es que su nuevo papel de aprendiz transcurre entre fogones y personajes famosos en un reality de televisión —en concreto en la quinta edición de MasterChef Celebrity— y que los cuchillos no los lanzan sus antiguos compañeros del Partido Popular sino actores, sopranos y humoristas metidos a cocineros.

El pasado martes Villalobos, acostumbrada a la presión de la política —ha sido eurodiputada, alcaldesa de Málaga y ministra de Cultura con el Gobierno de José María Aznar—, lloró frente a las cámaras y confesó que era la primera vez que lo hacía. “Que lo hacía en público”, aclara en conversación telefónica con este periódico. “En privado he llorado mucho. En política he apretado también mucho para aguantar lo que caía. En el programa me encontré en un momento de tensión, te tratan con cariño y me sentí agradecida”, explica.

En esas cabriolas que a veces da la vida, cuando llegó el momento de trabajar en equipo para dar de comer a 100 personas le tocó el equipo rojo y bromeó con ello: “Es la primera vez que me gusta estar con el equipo rojo”. Olvidó momentáneamente que sus primeros intereses políticos corrieron de la mano del PCE de Málaga, partido del que fue militante, y que reconoció haber votado al socialista Felipe González en las elecciones de 1982.

En 1986 fue elegida diputada con Alianza Popular pero de sus inicios más progresistas quedaron rescoldos no siempre bien entendidos. Votó en contra de su partido en cuestiones como el aborto o el matrimonio gay, incluso a sabiendas de que pagaría una multa; se sintió en el ojo del huracán por las feroces críticas que recibió su gestión de la crisis de las vacas locas o la sobredimensión que a su juicio se dio a lo que ella denominó “anécdotas”: la fotografiaron jugando al Candy Crush en el Congreso o cibercomprando desde su escaño. Aún tiene una espina que escuece, porque se despidió de la política en 2019 sin haber conseguido cerrar un nuevo acuerdo del Pacto de Toledo.

“Sentí un total y absoluto fracaso”, reconoce ahora. “Fue el fracaso de todos, sobre todo de los que impidieron que se pudiera llevar a cabo. La que dijo no lo firmo fue la hoy ministra de Trabajo [Yolanda Díaz]”.

Pero Celia Villalobos le da a cada uno lo suyo en su momento. Igual que afirma que Jordi Cruz es “un tipo exigente pero una bellísima persona”; de la actual ministra que le hizo marcharse sin acabar una etapa de su vida con broche de oro dice: “Ahora la veo y no la reconozco. Creo que empieza a entender que este mundo es más complicado que oponerse a todo. Al principio de su ministerio cometió errores gravísimos derivados de esa forma de entender que consiste en pensar ‘tengo la verdad absoluta’, porque ahora los sustitutos del Papa son los de Podemos”, bromea. Y continúa sobre Díaz. “Ahora lo que veo es una mujer inteligente, con intereses contrapuestos, que ve la necesidad de contar con el diálogo social, de no coger una bomba y reventar todo lo que hicieron los demás. Sinceramente, ahora la veo como una mujer razonable”.

No cree que deba buscar excusas para justificar su participación en el concurso de cocina: “Había dejado el Congreso, la política activa, me lo ofrecieron y como creo que los políticos debemos estar en muchos sitios y para mí era un reto que me hacía gracia, acepté”, se explica una vez metida en harina.

Durante el primer programa confesó a sus compañeros que cuando la echaron del Gobierno se enfrentó al despertador y a un día sin citas. “Pero no fue enfrentarme al vacío”, contesta, “me fuí a la vida, que es más que la política. El cambio lo he transitado muy bien, creo profundamente en el carpe diem y en enfrentarme a nuevas cosas”.

Aún le queda en la cartera de proyectos incumplidos sacar el carnet de conducir, pero recuerda que ha plantado árboles, ha tenido hijos [dos chicas, un chico y ahora cuatro nietos] y ha escrito un libro. La política apasionada (Editorial Península) saldrá a la venta el próximo día 22 y aunque no desvela nada sobre su contenido, sí explica que lo ha escrito porque quería “contar mi historia, sin atacar a nadie. Ya sabes, me gustan los retos”.

De momento el suyo pasa por salir de su zona de confort en la cocina. “He sentido más presión en MasterChef que en el Congreso”, reconoce con la misma sinceridad que afirma que la política de hoy no le gusta. “Estamos en un momento muy complicado y hace falta altura de miras”, argumenta. Cuando se le insinúa que a lo mejor es que solo se mira por la altura del partido, se ríe y recuerda de repente que no quiere seguir hablando de política. Aunque en el reality sí se le escapó, o no, que dejó de apoyar a Aznar cuando él dejó de apoyar a Rajoy. “Para mí es muy importante la lealtad”, afirmó mientras seguía imbuida en sus tareas de pinche. En este momento prefiere explicar que no decidió decir sí al reto culinario para demostrar nada a nadie, sino para vivir su vida. “En el programa he conocido a algunas personas entrañables, he reído, he llorado, he bailado, he cantado, he cocinado…, y todo lo que salga en él, será verdad”.

A lo mejor Celia Villalobos tuvo que despedirse como diputada sin conseguir cerrar el nuevo Pacto de Toledo pero puede que logre sorprender realizando un menú digno de tres estrellas.

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