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Carlos Falcó, el marqués que vivió como un emprendedor

Si Carlos Falcó (Sevilla, 1937), estaba orgulloso de algo era de sus hijos, de sus vinos y de su aceite. Este viernes ha fallecido a causa de la Covid-19, provocada por un virus que nadie esperaba encontrar en su camino y que a él le ha pillado con su agenda llena de proyectos, como siempre. En junio de 2015, recibió a este periódico en su finca el Quinto Casa de Vacas, una parte de Valdepusa, en Malpica del Tajo, Toledo. Un lugar donde se sentía feliz y al que siempre volvía porque realmente lo sentía como su refugio más querido. Después de aquella entrevista, larga y sincera, hubo más ocasiones en las que atendió a EL PAÍS como presidente del Círculo Español del Lujo Fortuny, otro de los proyectos en los que invertía más energía en los últimos años.

Carlos Falcó nació en el Palacio de las Dueñas en Sevilla, era marqués de Griñón, Grande de España, Marqués de Castelmoncayo, descendiente del Gran Capitán, cofundador del Club Siglo XXI, empresario y elaborador de vinos y aceites, la faceta de su currículo con la que se sentía más identificado. “En mi casa, durante la posguerra”, explicó durante el encuentro con este medio, “se hablaba muchísimo de la Guerra Civil. La generación de mis padres estaba totalmente traumatizada por el enfrentamiento. Yo tuve clarísimo que tenía que hacer algo para que este fuera un país mejor, para que hubiera más oportunidades, para que no se volviera a repetir ese escenario de las dos Españas. No renuncio a lo que soy, pero estas ideas han sido parte importante de mi motivación”.

Estudió todo el bachillerato en el colegio Lecaroz (Navarra), cerca de Elizondo, donde también estaban sus hermanos, Fernando, marqués de Cubas, y Felipe, que murió en un rally. Un lugar donde conoció al rey emérito Juan Carlos I, que se acercaba hasta el centro a ver a algunos de sus amigos y jugar a pelota, en una época en la que el joven Borbón vivía en San Sebastián.

Falcó se rebeló ante el destino castrense que le tenían preparado sus progenitores –difícil cuando el apellido materno es Fernández de Córdoba– y lo consiguió gracias a la complicidad de su abuelo Joaquín que se confabuló con el nieto cuando vio lo mucho que le había impresionado la almazara que había en su castillo de Malpica del Tajo y Valdepusa. Su intermediación ante sus padres le permitió convertirse en ingeniero agrónomo, estudios que cursó en la Universidad de Lovaina (Bruselas). El resto fue llegando gracias a su carácter tenaz, optimista e innovador y al empujón que le volvió a dar su abuelo al morir, que le legó Casa de Vacas, una parte de la finca de Valdepusa en Toledo con una casona rural del siglo XVIII, un terreno arcilloso-calizo, y una frase que marcó su vida: “Te dejo la tierra con mejor suelo para vides y olivos para que puedas realizar tu sueño”.

La casona, cómoda pero sin grandes lujos, es el centro de una finca donde no hay edificios firmados por grandes arquitectos pero sí una bodega y una almazara equipadas con la última tecnología. Algo que le ha permitido firmar vinos y aceites que han obtenido prestigiosos premios y críticas internacionales. Carlos Falcó conservaba una presencia imponente, unos modales exquisitos y ese gusto por el campo que le hizo pintar la piscina de su casa toledana de color amarillo “porque el azul es para Marbella”. Plantó ilegalmente vides de Cabernet Sauvignon desafiando a la legislación franquista, defendió las bondades de la democracia micrófono en mano por Extremadura en plena Transición porque era “demócrata y europeísta”, creó la empresa Pagos de Familia Marqués de Griñón SA. Y continuó con los aceites asociado con su hija Xandra Falcó quien dijo de su padre: “Es tan vital que yo digo que se ha debido caer en la marmita de Asterix”. Ella que ha trabajado codo con codo junto a su progenitor sabe bien de su pasión por la innovación y la conversación, dos características que conocen bien quienes le trataron a nivel personal o profesional.

En el terreno amoroso tampoco se dio por vencido en su empeño por sentirse vivo. Cuatro matrimonios –el último de ellos cumplidos los 80 años con Esther Doña de quien le separaban 40 de diferencia– y cinco hijos dan fe de ello. Carlos Falcó se casó por primera vez con la francesa Jeannine Girod, con quien tuvo dos hijos, Manolo y Xandra. Manolo, el heredero del título de su padre, vive en Londres y es codirector global de banca de inversión de la entidad estadounidense Citi. Xandra tiene 51 años y trabaja como directora general de Pazos Marqués de Griñón, la empresa familiar de vinos y aceites. Después contrajo matrimonio con Isabel Preysler, con quién tuvo a su hija más mediática, Tamara Falcó, de quien decía era “dulzura, alegría y sensibilidad”. Su tercera esposa fue Fátima de la Cierva, bisnieta del duque de Infantado, con quien tuvo a sus dos hijos menores, Duarte y Aldara, de 26 y 23. Y la última boda y más polémica, de cara a su familia, fue con Esther Doña. Ni en el terreno profesional ni en el personal pensó nunca en pararse: “Yo soy empresario y no puedo quedarme quieto”, sentenció a EL PAÍS.

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