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Carlos Areces: “Lo único que he aprendido de mis fracasos es que prefiero el éxito”

Usted ya conoce a Carlos Areces (Madrid, 1976) gracias a su labor de actor, cantante y cómico, gracias a Los amantes pasajeros, Muchachada Nui y Ojete Calor. Y si no lo conoce, échele un ojo a su entrada en Wikipedia. Sus respuestas en este cuestionario son tan brillantes y divertidas que consideramos injusto molestar con una entradilla demasiado larga.

¿Qué tiene ‘Agapimú’ para que la eligieras para versionarla con tu proyecto artístico Ojete Calor? La letra es pura poesía dadá. Cuando escuché por primera vez “eres el viento que no cesa, eres el peso que no pesa”, “me siento nueva, como la nieve cuando nieva” o “me siento entera como una blanca primavera” encontré una pureza y una esencia naíf arrebatadoras, pero con una elegante sofisticación contraria a de la mayoría del pop comercial. Todo esto hay que agradecérselo al maestro Luis Gómez-Escolar, que con muy buen criterio se pasó por el forro la letra original y reescribió para Ana Belén otra mucho más surrealista, onírica e incluso erotic soft (“entras en mi cuerpo como la lluvia entra en mi huerto”), dotándola de una sugestiva y alucinógena entidad propia. Si a esto le añadimos que la música es una concatenación de acordes bellísimos, como comprenderás, no me pude permitir no elegirla.

Ya has cantado con Ana Belén. Subamos la apuesta: ¿alguna otra diva para hacer un dueto? Solo podría ser Angela Lansbury. Cantaríamos juntos Beautiful briny sea, de La bruja novata.

¿Cuál es la idea más equivocada que el público tiene sobre lo que es ser un cómico? ¿Tal vez que tiene que ser gracioso las 24 horas? Esa debe ser la más extendida, sí. Aunque también en muchos casos son los propios cómicos los que sienten la necesidad de lanzar gags de continuo, como si fueran por la vida sin bajar del escenario, llegando a resultar extenuantes (son especialmente plastas los magos y los contadores de chistes). Pero, aunque te sorprenda, yo no termino de considerarme un cómico. Nunca he hecho un monólogo, y aunque haya trabajado mayormente en comedias, los textos no son míos y los proyectos los elijo por un cúmulo de factores, como la disponibilidad, el prestigio o el dinero. Yo hago lo que me piden. Soy una simple prostituta.

¿Cuándo crees que reivindicará España esa obra profética y no del todo comprendida que fue Los amantes pasajeros? En su día, España la reivindicó de mejor manera que puede hacerlo con una comedia de vocación comercial: en la taquilla. Por supuesto, te encantaría gustar a todo el mundo, pero también partes de que eso es una utopía.

¿Qué es lo que más le gusta a los demás de ti mismo? Que al compararse salen ganando. Soy un espejo amable.

¿Y lo que más te gusta a ti de ti mismo? Mi falta de frivolidad y mi culo.

¿Cuál es tu forma favorita de perder el control? Poniendo música y consiguiendo que los demás bailen. Al contrario que mi vecino de balcón, yo lo hago en un sitio donde la gente ha ido voluntariamente a oír música.

¿Qué te compraste con tu primer sueldo? Un tebeo o un disco. Algo imprescindible, en cualquier caso.

¿Qué tienes de fondo en tu pantalla del móvil? Una vulgar foto de nubes de las que viene por defecto. Así luego, en un giro de guión, te pilla por sorpresa el inusitado ingenio del que hago gala.

¿Cuál es tu habilidad oculta? Mi facilidad para huir de las chapas de extraños. Y hago un llamamiento desde aquí: por favor, si no sabéis drogaros, no lo hagáis cerca de mí.

¿Tu palabrota favorita? “Hijo de mil padres”. La oí en El bueno, el feo y el malo, y me la imaginaba literalmente: “hay mil espermatozoides de diversa procedencia genética que han fecundado ese óvulo”.

¿Qué figura pública amas? A la señora Cecilia, la restauradora del Ecce Homo de Borja.

¿Y qué figura pública no querrías tener cerca? A Benedict Cumberbatch. No sé pronunciar su nombre.

¿Como es tu decoración ideal? De vieja rica.

¿Y tu decoración odiada? El minimalismo, el cemento… esas mierdas frías de diseñador.

¿Qué viaje te marcó? El que hice a Las Vegas. Me casé con Carolina Bang, lo que solo podemos decir dos personas en este mundo.

¿Y a qué lugar no volverías? Al colegio. Qué coñazo.

¿Qué canción te pones para animarte? If I can dream, de Elvis Presley. Llevo toda la cuarentena ensayando el playback.

¿Y para seducir? Me interesa el concepto “canción para seducir”, como si ponerla te facilitara las cosas, una especie de burundanga melódico. Si usara alguna sería una muy burda, tipo Gózame ya de Susana Estrada, que le diera al momento un inesperado cariz cómico y distrajera sobre el bochornoso hecho de que he puesto una canción para seducir.

¿Cuál es tu cuenta favorita de Instagram? No tengo redes, no sigo ninguna. A tope con el siglo XX.

¿Y el vídeo que más veces has visto en YouTube? El de Gabriel Pascual, el reportero de Antena 3. Mítico.

¿Quién es la persona más famosa a la que has conocido? Probablemente Tarantino. Desde luego, la que más ilusión me hizo. De cerca, Chiquito y Leslie Nielsen.

¿Quién fue tu primer ídolo erótico? Manuel Fraga.

¿Y cuál ha sido el último? Angela Merkel. La erótica del poder, en ambos casos. Se me va de las manos.

¿Qué encuentras cuanto te buscas a ti mismo en Google? Una nada desdeñable colección de fotos en las que salgo mal. Diría que están ordenadas jerárquicamente empezando por la peor, mediante un complicado logaritmo.

¿Cuál es la peor pregunta que te han hecho en una entrevista? Creo que las que más odio son esas preguntas-chiste, generalmente ligadas a la actualidad o a la política, que no tienen respuesta y que solo están para lucimiento del periodista. Algo tipo “¿Crees que los niños están mejor en casa o Errejón debería poder salir?”.

¿Qué es lo que siempre quisiste saber hacer pero consideras que es demasiado tarde para intentar aprender? Claqué. Me siento mayor para ir de Fred Astaire (curiosamente, Fred Astaire no se sintió mayor para sacar una canción de estilo disco, Attitude dancing, cuando tenía ya 76 años).

¿Excitantes o calmantes? ¿Papá o mámá?

¿Qué plato dominas y en cuál fracasas en la cocina? Se me da bastante bien preparar unas Ruffles al jamón. Mal todo lo demás.

¿Cuál es el fracaso del que más aprendiste? Mira que he tenido fracasos, pero creo que lo único que he aprendido de ellos es que prefiero el éxito.

¿Qué es lo más valiente que has hecho en tu vida? La semana pasada me comí unos huevos dos días fuera de fecha.

¿Cuál es la prenda más cara que tienes en tu armario? Unos zapatos de 300 euros. Me los compré en Venecia, para el estreno de Balada triste de trompeta, porque los que llevaba me daban vergüenza.

¿Qué no perdonarías en un amigo? Que me extrajera un órgano y lo vendiera a un millonario del este.

¿Qué no perdonarías en un amante? Perdonaría todo. No estoy yo para ponerme exquisito.

¿Qué querías ser cuando eras pequeño? Pintor, dibujante de cómics y actor. Estoy realizado al 66%.

¿Cómo sería tu senectud soñada? Es que en lo que yo sueño no hay espacio para la senectud. ¿Comprendes mi drama?

¿Cuál es tu miedo o fobia más irracional? Las masas de gente, pero no lo considero irracional.

¿Recuerdas cuál fue el momento más feliz de tu vida? Cuando acabé tercero de BUP y pensé: “ya no tendrás que ir a gimnasia en tu vida”.

¿Y el más triste? De pequeño, cuando en el último programa de una de las temporadas del Un, dos, tres, Beatriz Carvajal se salió del personaje de La Loli y se despidió de los espectadores de manera muy cercana. Me cogió una llorera fuerte.

¿Qué actividad te ayuda a relajarte y desconectar completamente? Una película de acción con palomitas en el cine, sin público en tres filas alrededor.

Cuéntanos un chiste absurdo que te hizo muchísima gracia. El tipo que llama al trabajo y le dice al jefe que no puede ir porque se acaba de morir su padre. El jefe pregunta cínicamente: “¿Otra vez?”, y el tipo responde: “Pues otra vez”. Esa huida hacia delante.

¿Alguna vez te ha ocurrido algo a lo que no encuentres explicación racional? Cada vez que en montaje me recortan una secuencia. ¿No sería mejor dejarla entera y hacer de este un mundo mejor?

¿Qué cualidad humana consideras más sobrevalorada? La belleza. Si yo no tengo, no debe ser tan importante.

¿Qué le preguntarías al próximo destinatario de este cuestionario? ¿Podrías enumerar una a una y desarrollarlas después todas las razones por las que soy un referente en tu vida?

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