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Camila y sus cinco nietos: la familia política de Carlos de Inglaterra

Dicen que el tiempo calma hasta a los espíritus más indómitos, y Camila de Cornualles no parece una excepción a la norma. La mujer rebelde que se convirtió durante años en la más odiada entre los monárquicos ingleses por su romance secreto con Carlos de Inglaterra, la que tras décadas de callada lucha logró casarse con su amado, la que no dudaba en mantener con él conversaciones telefónicas subidas de tono, esa mujer se ha convertido hoy en una dulce abuelita cuya principal y gran pasión son los hijos de sus hijos: sus cinco nietos.

Esos pequeños son lo que la duquesa más echa de menos en su retiro escocés, como ella misma ha confesado. Carlos y Camila pasan el confinamiento en Birkhall, en Escocia, la residencia privada del príncipe, con unos terrenos de más de 200 kilómetros cuadrados, donde el heredero ha sufrido (y superado) el coronavirus. Entre tanto campo, Camila ha tenido que pasar unos días en aislamiento a causa del positivo del príncipe Carlos, puesto que ella dio negativo.

Además de leer y pasar ratos con sus perros, la duquesa no ha perdido el tiempo. Como demuestran las activas redes sociales de su oficina, ha mantenido diferentes conferencias con voluntarios del Sistema Nacional de Salud británico, así como con varios colectivos asociados a los patronatos y asociaciones que preside, como la Real Academia de Danza o The Silver Line, una línea telefónica para mayores, con quienes ha conversado. Además, se ha mostrado muy involucrada y preocupada por las mujeres que sufren violencia de género y que estos días se ven obligadas a pasar mucho tiempo con sus agresores.

Camila ha contado en algunos de esos vídeos y entrevistas lo mucho que echa de menos a sus nietos, esos que la llaman cariñosamente GaGa. “Lo cierto es que hecho de menos a mis nietos”, se la podía escuchar en una charla con Betty, una mujer viuda de 90 años. “Hay algo raro en todo esto, en no poder ver ni abrazar a tus nietos”.

Las fotos de los pequeños llenan su despacho, ya sean enmarcadas, sueltas o impresas en tazas. En un documental que vio la luz hace un par de años, la duquesa aseguraba que ser abuela era algo “maravilloso”. “Se lo recomiendo a todo el mundo”, afirmaba. “Es genial, porque no tienes toda la responsabilidad. Puedes pasar con ellos un tiempo fantástico, mimarles, darles todas las cosas que sus padres no les permiten tener y volver a dárselas otra vez”.

Los nietos que tiene por parte del príncipe Carlos son de sobra conocidos: Jorge (de seis años), Carlota (que hará cinco la próxima semana) y Luis (que acaba de cumplir dos), por parte de Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton; y el pequeño Archie, a punto de cumplir uno, de Enrique y Meghan Markle.

En su primer matrimonio con el antiguo brigadier Andrew Parker Bowles, con quien estuvo casada durante algo más de dos décadas, Camila tuvo dos hijos: Tom y Laura (ahora apellidada Lopes). Tras una juventud rebelde —se dice que el príncipe Carlos, padrastro y padrino, tuvo que llamarle la atención por su consumo de drogas— Tom, de 45 años, se ha ganado una reputación como periodista culinario en medios como Esquire y The Mail on Sunday y como escritor de media docena de libros de cocina. Él y su esposa, la editora de moda Sara Buys, son los padres de los nietos mayores de Camila: Lola, de 12 años (cumplirá los 13 en octubre), y Freddy, de 10. Cuando nació Lola, la mayor, Camila ya dijo sentirse “en las nubes” con su llegada.

Además, Laura Lopes le ha dado otros tres nietos a Camila. Laura lleva 13 años casada con el aristócrata Harry Lopes (modelo de ropa interior para Calvin Klein en su juventud), y juntos han tenido una niña, Eliza, de 12 años y que fue dama de honor en la boda de Guillermo y Kate, y también gemelos: Gus y Louis, nacidos a finales de 2009 y que tienen ahora 10 años. De 42 años, Laura es uno de los miembros menos conocidos de la familia; y, de hecho, no forma parte de la familia real británica, puesto que no lleva sangre real. De perfil bajo, poco dada a conceder entrevistas, estudió Historia en Oxford y ahora gestiona una galería de arte en Londres.

Tom y Laura siempre han sido discretos en sus declaraciones y sus vidas, pero también se han sentido acosados en más de una ocasión. A finales de los noventa, especialmente, cuando su madre tenía una horda de fotógrafos escondidos entre los setos de su casa, jugaban los tres a algo que llamaban Spot the pap, un “Ficha al paparazi”. Lo contó el propio Tom en 2006 a The Guardian: “Mi madre tenía unos prismáticos y nos sentábamos arriba diciendo: ‘¿Cuántos hay?’ Los encontrabas porque el sol se reflejaba en sus lentes. Durante unos dos años fue totalmente normal tener cinco paparazis entre los arbustos”. El único juego al que, por suerte, a estas alturas ya no tendrá que jugar Camila con sus cinco nietos.

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