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Cada país cuenta los muertos a su manera, y ninguno lo hace bien

Numerosos bulos como estos sobre las cifras de mortalidad de otros países se multiplican en las redes sociales: “Alemania y Holanda esconden cadáveres bajo las alfombras estadísticas”; “en el Reino Unido se pide permiso a los familiares de un fallecido por coronavirus para decidir si se le incluye en el recuento oficial”. Y circulan muchos más después de las críticas de Holanda a España, la polémica de los coronabonos y la estupefacción que causa la baja tasa de letalidad de la enfermedad en Alemania, para la que los científicos aún no tienen una explicación clara (aunque apuntan al elevado número de test realizados).

Los expertos en epidemiología alertan de que no se están contabilizando correctamente todas las muertes por coronavirus. Y eso es algo que tienen en común todos los países. La polémica en Francia se centra en los casos que no entran en la estadística: todos los fallecimientos fuera de los hospitales. En España, según responsables sanitarios de comunidades autónomas, tampoco se contabiliza a las personas que fallecen en residencias o en domicilios a los que no se ha hecho el test de detección.

Esas diferencias, sumadas a las dificultades de cada país para dibujar un panorama preciso, hacen que las tasas de letalidad no sean fiables. Con el problema añadido de que cuando se diagnostica una parte muy pequeña de los contagios reales (como está sucediendo en España por falta de capacidad para hacer test), el porcentaje de fallecidos sobre el total de infectados sale más alto. “A posteriori habrá que utilizar los excesos de muertes sobre lo esperado y se podrá hacer una aproximación más o menos exacta, pero siempre aproximación”, explica Ildefonso Hernández, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública (Sespas).

Italia incluye en el registro de víctimas de coronavirus a todos los pacientes que habían dado positivo en las pruebas y que han fallecido, independientemente del resto de aspectos de su historial clínico, siguiendo el criterio del Instituto Superior de Sanidad. Este ente se ocupa, a posteriori, de hacer un estudio epidemiológico para profundizar en las causas de la muerte de los enfermos de Covid-19 y publica un informe dos veces a la semana en el que incluye si estas personas padecían además otras enfermedades.

El jefe de Protección Civil, Angello Borrelli, el encargado de comunicar las cifras oficiales, a menudo puntualiza que se trata de “fallecidos con coronavirus y no por coronavirus”, hasta que se ahonde en los historiales clínicos. La mayor parte de la comunidad científica asume que a falta de más pruebas de detección —desde el origen del brote y hasta el 28 de marzo se han realizado 429.526— los números reales tanto de contagiados como de fallecidos pueden ser muy superiores a las cifras oficiales.

Hasta el estallido de la epidemia del coronavirus en el Reino Unido, cuando un paciente fallecía en el hospital por infección respiratoria no se registraba la causa directa de esa infección, salvo que se tratara de una “enfermedad de notificación obligatoria” por ley. Por ejemplo, ántrax, botulismo, malaria o tuberculosis. El parte médico indicaba sin más una bronconeumonía, neumonía, avanzada edad o una designación similar. Desde el 5 de marzo, la Covid-19 se ha incluido en la lista de notificación obligatoria. La mayoría de los test se han hecho en los hospitales.

Desde que comenzó la epidemia, en Francia solo se han contabilizado los fallecimientos en “medio hospitalario”, es decir, recopilando los datos diarios procedentes de los 600 hospitales y clínicas del país “susceptibles de recibir pacientes de Covid-19”. Aunque la mortalidad es más alta entre las personas mayores (el 86% de los fallecidos en Francia tienen 70 años o más), la estadística oficial no incluye a los ancianos muertos en sus domicilios ni, sobre todo, en las 7.000 residencias que albergan a más de 700.000 personas mayores o con capacidades disminuidas.

Ocurre lo mismo en España, donde habían muerto al menos 352 personas en residencias de mayores hasta el jueves pasado, según un recuento de EL PAÍS. El Ministerio de Sanidad no ofrece cifras. Desde que en Francia empezaran a denunciarse las muertes masivas en estos centros el Gobierno de Emmanuel Macron ha dado un golpe de timón y ha anunciado que, a partir de esta semana, hará “un seguimiento diario de la mortalidad” en las residencias.

Francia, como España, vigila la sobremortalidad. Los datos de su Instituto Nacional de Estadística muestran que en el principal foco, el este de Francia, llega este mes al 37,8%. En España, el último informe del Instituto de Salud Carlos III señala que el exceso de muertes respecto a la serie histórica entre el 21 y el 25 de marzo fue de casi un 17%. Pero todavía no hay cifras por causa de muerte. En Holanda, el test del coronavirus se reserva para los pacientes hospitalizados. El organismo oficial que se encarga del recuento ofrece cifras de muertes, contagios e ingresos hospitalarios y afirma que el cómputo real puede ser más alto, puesto que estos son solo los casos comprobados.

Con información de Rafa de Miguel, Enrique Müller, Lorena Pacho, Silvia Ayuso e Isabel Ferrer.

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