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Bruselas pide que las cuarentenas no sean discriminatorias

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

El movimiento de viajeros en Europa está alcanzando un inusitado nivel de complejidad. Si el cierre de las fronteras internas ha paralizado la zona Schengen de libre circulación de personas, las nuevas exigencias de cuarentenas por parte de algunos Estados miembros amenazan con extender las restricciones. Ante el goteo de países que exigen aislamiento durante 14 días a los recién llegados, la Comisión Europea, partidaria de medidas menos restrictivas, se resigna al uso de este instrumento, pero ha reclamado este martes que la decisión de confinar se tome basándose en criterios científicos y en estrecho contacto con el resto de socios. Con algunos países manteniendo contactos bilaterales para eximir de la cuarentena a los visitantes procedentes de determinados Estados vecinos, Bruselas también demanda que se apliquen las mismas reglas a todos. “El principio de proporcionalidad y no discriminación debe ser respetado al aplicar cuarentenas”, ha afirmado un portavoz comunitario.

El recado no supone un rechazo tajante de la Comisión a los acuerdos bilaterales que han empezado a gestarse entre capitales, dado que la puesta en marcha de cuarentenas es competencia nacional, pero lanza un recordatorio: si se llega a pactos de reciprocidad que eximan de reclusión, no debe ser por afinidades políticas o intereses comerciales para su mercado turístico, sino teniendo en cuenta únicamente la situación epidemiológica del país de origen de los viajeros a los que se autoriza la entrada.

El miedo a una segunda oleada del virus, que tiraría por tierra los esfuerzos de dos duros meses de confinamiento, volvería a poner a prueba las costuras de los exhaustos sistemas sanitarios, y ahondaría aún más en el desplome de la economía. Francia ha estado entre las primeras en anunciar la obligación de que los recién llegados al país guarden 14 días de aislamiento. Ante las presiones, puntualizó que los ciudadanos de la UE y el Reino Unido no tendrían que cumplir esa reclusión, pero El Elíseo ya ha anunciado que se guarda en la manga la carta de restringir la llegada de determinados países del espacio Schengen si de repente hubiera rebrotes virulentos que empeoraran su situación. El Reino Unido, que se internó en la misma vía este lunes, solo parece dispuesto por ahora a salvar del confinamiento a irlandeses y franceses. El primer ministro británico, Boris Johnson, ha acordado con el presidente francés, Emmanuel Macron, que la cuarentena no se impondría a los viajeros procedentes de Francia y viceversa.

Ese escenario, el de los pactos bilaterales, parece ir ganando terreno. España, que ha anunciado este martes medidas para aislar a los recién llegados, también podría participar en pactos de reciprocidad como el franco-británico, pero a una escala mayor. La ministra de Transporte italiana, Paola de Micheli, anunció este lunes que Italia prepara con España, Francia y Alemania la posibilidad de que haya vuelos de verano sin cuarentena entre esos países.

Bruselas respeta esos tratos, pero si en el caso de las fronteras el temor era que un país abriera el paso a los ciudadanos de otro arbitrariamente, ahora, en el caso de las cuarentenas, la gran inquietud es que un ciudadano de, por ejemplo Berlín, tenga más derechos que otro de Varsovia solo porque su Estado tiene más capacidad de negociar ventajas para sus nacionales. “Esperamos que los Estados miembros que tomen medidas de cuarentena apliquen las mismas reglas en caso de situaciones epidemiológicas similares”, avisa la Comisión.

El Ejecutivo europeo presentará este miércoles sus directrices sobre turismo. Nueve países, entre ellos España, Francia e Italia, pidieron dos semanas atrás “reglas homogéneas” dentro de la UE para salvar la temporada. Un planteamiento que casa mal con la posibilidad de que haya cuarentenas a según qué ciudadanos.

La industria aérea ya ha advertido de que si se ponen en marcha medidas de aislamiento obligatorio, su negocio se resentirá con fuerza. Aerolíneas como IAG y Ryanair han mostrado su intención de retomar en julio buena parte de sus vuelos, pero el consejero delegado de la primera, Willie Walsh, ya ha advertido de que de mantenerse en verano dichos planes, supondría una vuelta de tuerca extra para un sector ya muy tocado. Este mismo martes Brussels Airlines, la principal aerolínea belga, ha anunciado su intención de despedir a 1.000 trabajadores y suprimir 22 destinos.

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