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Britney Spears y Justin Timberlake: historia de una reconciliación en emoticonos

La historia de Britney Spears y Justin Timberlake es la historia del pop de la primera década de los 2000 en todo su apogeo. Un cuento de amor y despecho, pero también de marketing, lucha de poderes, juego con los medios e industria musical. La pareja de artistas, entonces incipientes y brillantes estrellas del panorama mundial, salieron juntos entre 1999 y 2002 en una relación que dio la vuelta al mundo y que acabó como era lógico por su edad y exposición: fatal.

Tanto Spears como Timberlake superaron aquello, tuvieron otras parejas e hijos propios, pero casi dos décadas después no habían dado muestras de acercamiento. Hasta ahora. En un gesto inédito y llamativo para sus seguidores, la cantante ha aparecido bailando un tema de su expareja en su perfil de Instagram, un canal que utiliza con frecuencia para comunicarse con sus seguidores. De hecho, ha subido dos vídeos, siendo el segundo una ampliación del primero con un baile más largo.

En las imágenes, Spears baila y tararea el tema Filthy, lanzado por Timberlake hace un par de años. En el pie de la imagen se lee: “Esta es mi versión de Snapchat, TikTok o lo que sea moderno que uséis estos días”. “Como podéis ver, no estoy bailando del todo, solo estoy muy aburrida”, dice en tono de humor. Y acaba con el mensaje más sorprendente: “Postdata: Sé que tuvimos una de las rupturas más sonadas del mundo hace 20 años… ¡pero este hombre es un genio! Una canción genial, JT”

Las palabras de la cantante ha sorprendido a sus seguidores, que le han dejado más de 18.000 mensajes en solo 12 horas. “Esta es mi publicación favorita de todas las que has hecho”, “La paz ha llegado al pop”, “Ahora retamos a Justin Timberlake a que baile un tema tuyo”, se lee en algunos de esos comentarios. “Los blogs ya están tramando sus historias locas… sigue divirtiéndote y estando tan mona”, le dice su hermana Jamie Lynn Spears.

Lo más sorprendente es que el propio Timberlake ha contestado, sellando efectivamente la paz entre ambos. Solo ha necesitado un puñado de emoticonos: una carita llorando de risa y unas manos al aire en señal de alabanza, 😂🙌🏼.

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Un par de líneas primero y un par de pequeñas imágenes después han funcionado como pública pipa de la paz a más de 15 años, ya casi 20, sin dirigirse la palabra. Su sonada ruptura tuvo lugar en el año 2002, después de haber salido juntos desde 1999. Un año antes, Spears había sido telonera de N’Sync, el grupo que lideraba Timberlake. Eso había hecho reunirse a estos dos muchachos que ya se conocieron de niños como parte de la factoría Disney, donde los dos habían sido estrellas infantiles.

La relación entre Timberlake y Spears se convirtió en icónica por su ingenuidad. Ambos, rubios, dulces, sonrientes, vestían a juego en las entregas de premios o presumían de ser vírgenes. Pero el sueño se quebró en abril de 2002, cuando los medios estadounidenses dieron cuenta de que habían roto por una supuesta infidelidad de la cantante con uno de sus bailarines, un extremo que nunca llegó a confirmarse.

En cualquier caso, Timberlake supo amortizar mejor que nadie la relación con la diva del pop, que siempre alcanzó cotas de popularidad y empatía mucho mayores que él; no en vano fue y sigue siendo denominada la princesa del pop. Poco después de su ruptura lanzó su carrera en solitario, para cuya promoción no dejó de utilizar el fantasma de Spears en entrevistas y charlas, contando que él fue quien le dio a la cantante su primer beso o que, cuando acabaron su relación, le prometió que seguiría ahí para ella y que nunca revelaría los motivos de su ruptura.

Timberlake no lo hizo, pero sí que desveló entre irónicas risas y en una entrevista con la periodista Barbara Walters el secreto mejor guardado: que habían mantenido relaciones sexuales. Algo que ella tuvo que salir a confirmar poco después. “Sólo me he acostado con una persona en toda mi vida”, reveló ella a la revista W. “Fue al cabo de dos años de haber comenzado mi relación con Justin, y yo pensé que él era el elegido”, agregó. “Pero me equivoqué. Nunca pensé que iría a contárselo a Bárbara Walters para traicionarme”.

Desde entonces, sus caminos se fueron separando. Se lanzaron un par de pullitas: ella llevó una camiseta en la que se leía “Déjale”; él le dedicó veladamente el tema Cry me a river, una exitosa canción sobre una ruptura tras una infidelidad. Tres años después, en 2015, ella tendría a su primer hijo; apenas un año después, al segundo. Ambos nacieron de su complicado matrimonio con el bailarín Kevin Federline, que pidió (y durante mucho tiempo tuvo) la custodia exclusiva de los pequeños. Ella pasó una época oscura, sus abogados la abandonaron, se rapó el pelo… pero resucitó de sus cenizas, consiguió el control de sus hijos, su patrimonio y su carrera y volvió, con más o menos suerte, a los escenarios. Logró una residencia en Las Vegas, hacer campañas de moda, conquistar a las nuevas generaciones. Y ahora ha conseguido hasta hacer las paces con quien siempre será su eterno ex.

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