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Bonhof: “Culpar a los futbolistas por cobrar mucho es una estupidez”

Antes de que Casillas, Ramos, Torres, Silva, Alonso, Xavi e Iniesta consiguieran ganar dos Eurocopas y un Mundial, el récord correspondía exclusivamente a Rainer Bonhof (Países Bajos, 1952). Centrocampista multiusos de la Alemania que dominó el mundo futbolístico entre 1972 y 1980, ahora atraviesa la crisis del coronavirus como vicepresidente del Borussia Mönchengladbach, su club de toda la vida.

Pregunta. Usted fue campeón del mundo como jugador y ahora es directivo. Pero los futbolistas nunca dejan de sentirse futbolistas. ¿A quién siente representar más? ¿A los futbolistas o a los dirigentes?

Respuesta. En este momento, más que jugar para mí mismo estoy representando a todo el fútbol. Mi deber ahora es planificar cosas; ser capaz de determinar cómo vamos a fichar jugadores en una situación tan extraordinaria como ésta, y discutir con mis compañeros de junta la mejor manera de salir de la crisis con el menor daño financiero posible, y procurando que el club y todos sus empleados sobrevivamos juntos.

P. ¿El fútbol está en peligro?

R. Yo no lo veo así. Pero desde hace un mes los clubes de la Bundesliga siguen una trayectoria delicada. Tenemos empleados, con sus familias, con niños que tienen que mantener cada día. Todo esto también es parte de mi responsabilidad. Los partidos de fútbol con público generaban unos ingresos de los que dependían muchos hogares. No se trata solo de los futbolistas. Los clubes no solo contratan jugadores. Los pequeños asalariados también necesitan su dinero. Nosotros, además de jugadores, tenemos unos 140 empleados.

P. Su club fue el primero en alcanzar un acuerdo con los jugadores para reducir la masa salarial.

R. No fue un acuerdo. Fue una iniciativa del equipo de fútbol, que está formado por personas sobresalientes. No es lo mismo sentarse a negociar una reducción salarial con tu plantilla, a que sean los propios jugadores quienes vengan a decirte: “Escuchen, comprendemos la dificultad para el club y para los empleados que en estos momentos no están ganando dinero; así que pueden quedarse con esta parte de nuestro salario”. Esto es lo que hace tan especial a nuestro club y a nuestro equipo.

P. Desde hace un mes la patronal de los clubes en Italia, España, Inglaterra e incluso en Alemania, ha insistido en un mensaje: la fragilidad económica del sistema deriva de los salarios excesivos de los futbolistas. ¿Es justo culpar a los jugadores?

R. No. Esta crisis es tan extraordinaria que nunca más se repetirá. Ahora todo el mundo dice que los salarios son demasiado altos pero estos salarios eran aceptados antes de la pandemia. Estas conclusiones son consecuencia de una realidad completamente inesperada que afecta a la economía de mercado en general, no solo al fútbol. Sucede en la industria automotriz. Las fábricas han estado paradas. Han perdido mucho más que los clubes de fútbol. Ahora debemos recapacitar sobre lo que hemos hecho en años pasados. ¿Qué haremos una vez que superemos la pandemia? ¿Volveremos a la realidad previa? ¿Antes vivíamos en la normalidad a la que queremos regresar, o el virus es una señal que nos invita a detenernos y a repensarlo todo? Culpar a alguien por cobrar salarios muy elevados es una estupidez. Ahora tenemos una muy buena oportunidad de pensar cómo podemos cambiar algunas cosas que sean aceptables para todas las partes y también para la comunidad. ¿Acaso no llevábamos un ritmo de vida que nos conducía a perder el control? Cuando contemplas los sacrificios que están haciendo los médicos y el personal sanitario, trabajando 24 horas por día, sin descanso, ¿por qué nadie se plantea la necesidad de subirles los salarios?

P. ¿Qué cambiaría del fútbol?

R. Teníamos un mercado antes del coronavirus y tendremos un mercado completamente distinto después. Yo asistí en marzo al primer partido sin público de la historia de la Bundesliga. No había ninguna atmósfera. No había tensión. En nuestra junta directiva estamos desconcertados. Nos preguntamos cuánto tiempo podremos estar jugando a puerta cerrada, porque esto es tan complicado para los jugadores como para los ingresos del club.

P. ¿Qué opina de jugar a puerta cerrada?

R. Es una basura. No tiene nada que ver con el fútbol. Nuestros hinchas animan al equipo durante 90 minutos. Sin ellos, y sin los aficionados rivales, vamos a perder el clima dentro del campo. También se perderá esa vibración que se producía en la ciudad en los días de partido, que es lo que hace grande al juego. Ahora mismo la decisión de cuándo permitir la asistencia de público a todos los espectáculos deportivos está en manos del Gobierno. Las medidas de distanciamiento social son las adecuadas. No nos podemos olvidar de que mientras no exista una vacuna estamos expuestos a una segunda oleada de infecciones. Si se concluye este campeonato estoy convencido de que será sin espectadores. Necesitamos un mínimo de dos meses para preparar físicamente a los jugadores y para jugar las nueve jornadas que le quedan a la Bundesliga.

P. ¿Por qué en su época los futbolistas parecían más felices, más relajados, más dueños de la situación, que los futbolistas de hoy?

R. Escúcheme: si se mira al espejo cada mañana, como periodista, ya tiene la preocupación de llenar un periódico. Hace 40 años solo había un diario que llenar. Ahora tiene que actualizar su diario a la mañana, al mediodía y a la tarde; cerrar una edición digital y otra de papel para el día siguiente. Internet nos ha cogido a todos. A los jugadores igual: tienen las redes sociales, tienen sus gestores mediáticos, deben comportarse como personalidades cuando salen a cenar, alguien les hará una foto que dará la vuelta al mundo comiendo así o asá. No me parece, la verdad, que vivir con esa presión cotidiana sea un modo exitoso de vivir. Eso no sucedía con nosotros. Cuando gané la Copa del Mundo había solo nueve periodistas con la selección. Ahora los periodistas que siguen a Alemania en un Mundial tienen su propia ciudad. Son 500 y necesitan una noticia por hora. Eso también ha transformado la vida de los futbolistas. Ahora los jugadores representan comunidades enteras. Y eso les genera más tensión fuera del campo. Dentro, las condiciones no han cambiado tanto.

P. ¿El dinero arruinó la fiesta?

R. Ese no es el titular. ¡No, no! Diría que el interés por este deporte es tan alto porque todo el mundo sabe lo que significa el fútbol. Todos conocen las reglas. Todos son fans. La audiencia es global. Los políticos se posicionan. “Yo soy del Madrid”, dicen. “Yo soy del Valencia”. Eso jamás ocurría en mi época. Se avergonzaban de decir algo así. A excepción del alcalde, todos querían ser neutrales. Hoy a nadie le preocupa que le señalen como a un hincha.

P. En la jugada que precedió al pase de gol que usted le dio a Müller (2-1), en la final de la Copa del Mundo de 1974, usted gana medio metro amagándole a Haan que saldrá por la izquierda y yéndose por la derecha, como un extremo. ¿Por qué en el fútbol moderno cada vez se ven menos amagues?

R. No sé exactamente por qué. Cuando juegas uno contra uno necesitas tener confianza. Hoy los sistemas te obligan más a conservar la pelota, correr y ceñirte a tu papel. Hace 40 años jugábamos 11 contra 11 y cada jugador tenía su hombre. Si estabas más fuerte físicamente que el contrario podías hacer desmarques como el que hice en la jugada del 2-1 y con suerte ensayar un regate estúpido, o que parecía estúpido, pero que salió bien.

P. Cuando Grabowski le metió el pase al hueco usted ya había arrancado. Y se quedó solo contra Haan. ¿Esa carrera fue tan importante como el pase?

R. En mi época la diferencia se hacía más en el plano individual: si estabas más fuerte que tu marcador, física y mentalmente, desequilibrabas el partido. Hoy el pase como instrumento para conservar la pelota es la clave, porque cuanto más tengas la posesión más alejas a tu oponente del gol.

P. Ahora en los partidos todo parece más ordenado, o más trabado, pero ¿antes se corría más?

P. Hoy los jugadores están mejor entrenados, pero yo hacía los mismos kilómetros que hacen ahora. Jugaba de todo. De mediocampista, de extremo, de defensa… En la final me tocó marcar al hombre a Neeskens. Si él se movía hacia un extremo del campo yo tenía que ir tras él. Esto implicaba un esfuerzo tremendo porque después de seguirlo tenías que poner en marcha tus propias ideas para que él se viera en un aprieto. ¡Ahí estaba el nudo del problema! Si tu pareja tenía que seguirte a ti más que tú a ella, entonces el sistema funcionaba a la perfección.

P. Un minuto antes del 2-1 Neeskens ataca a la defensa alemana pegado a la raya derecha. Y usted, en lugar de seguirle, se queda en el medio campo. Cuando su portero recupera la posesión y lanza el ataque, se encuentra a 50 metros de Neeskens. ¿Esto se lo permitía su entrenador?

R. ¡Por supuesto! Estaba autorizado. Hice lo que el entrenador esperaba de mí: defender duro para evitar que nos crearan peligro y ser mejor que mi oponente cuando teníamos la pelota. El manejo del balón no ha cambiado. Lo que han cambiado son los sistemas. Ahora hay como cinco sistemas más. Realmente, antes no había un 4-4-2 o un 4-3-3. El entrenador cogía al equipo y decía: “tú juegas contra él, tú contra él, y tú contra él…”. El mejor defensa siempre se emparejaba contra el mejor atacante rival. ¡Y a jugar! Incluso en los campeonatos mundiales. Era más sencillo. Ahora a los jugadores los técnicos solo les hablan de desarrollar un sistema; porque es el desarrollo del sistema el que conduce al éxito.

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