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Bonaventura Clotet: “Hay que seguir siendo exigente unos meses. Entonces habrá menos riesgo de muerte”

 El número de mayo ya está disponible en formato PDF, y es descargable de forma gratuita haciendo clic aquí.

Cuando se escriben estas líneas #yomecorono, el crowdfunding para financiar la investigación del equipo de médicos e investigadores de la Fundación Lucha contra el Sida, IrsiCaixa y el Hospital Universitario Germans Trias i Pujol, lleva recaudados 2.138.400 euros. “Creo que es el que más ha conseguido en la historia en España”, dice el doctor Bonaventura Clotet. Está al frente de esos equipos médicos que intentan hallar una vacuna contra la covid-19. Conocido por su larga lucha contra el sida, ahora su trabajo está centrado en encontrar lo antes posible un remedio para la pandemia.

“La Administracion debería invertir en investigación diez veces más. Tener ideas no es muy complicado. Lo difícil es poderlas llevar a cabo”

Ahora que se ha iniciado la desescalada, ¿cómo cree que estaremos dentro de 15 días? Espero y confío en que la curva de casos estará en caída, que no tenga repercusión el desconfinamiento y que podamos ir recuperando paulatinamente la normalidad, que no será completamente normal en muchos meses. Una seudonormalidad, digamos. Esto dependerá mucho de la responsabilidad que tengamos los ciudadanos, de si seguimos adoptando las importantísimas medidas de seguridad: mascarillas, manos, distancia y que no haya acumulaciones de personas.

¿Qué puede hacer que la situación empeore? El problema es que la inmunidad colectiva es baja. Y hay muchas zonas susceptibles de nuevos brotes que se pueden extender. Hay que seguir siendo exigente unos meses. Porque yo creo que es cuestión de meses. Entonces, el manejo de la enfermedad será mucho más óptimo y habrá mucho menos riesgo de muerte.

“Es hora de contemplar la salud animal y la ambiental como una prioridad y de que podamos diseñar vacunas que se anticipen a nuevas enfermedades”

¿Cómo se logra eso? Hay que llevar el manejo de esta enfermedad a etapas mucho más precoces, que eviten la destrucción de los pulmones por la inflamación. Es la reacción del sistema inmunitario contra el propio virus lo que desencadena la muerte. Si conseguimos desarrollar muchos ensayos clínicos en etapas muy iniciales, pero muy iniciales, de la infección, podríamos evitarlo. Hasta hoy, los diseños todavía se han centrado en cuando ya hay algún trastorno del sistema pulmonar. Así que es mandatorio llevar la investigación a las etapas en las que la inflamación es mínima y no hay impacto a nivel pulmonar.

¿Y habrá medicamentos? Espero que en los próximos meses quede clara la utilidad de ciertas terapias de exposición. Hay un símil con el caso del sida, aunque no quiere decir que tenga que funcionar en el caso de la covid-19. En el sida hay un fármaco, el Truvada, con dos componentes, que si se administran cada día en personas que tienen relaciones sexuales de riesgo, las protege en más de un 90% de los casos de contraer la enfermedad. El mismo medicamento con personas infectadas no la frena. Es un problema de cantidad de virus. Podría ser que para la covid-19 haya medicamentos que tuvieran un efecto parecido. Se está probando la Hidroxicloroquina, pero vamos a ver si sirve para prevenir la infección o para reducir su fuerza. Con esto ya estaríamos consiguiendo algo. Hasta ahora se ha descartado como activo cuando había evolucionado a una neumonía avanzada. Ahí ha fracasado, como otros tratamientos que inhiben la proteasa del VIH y fármacos como el Remdesivir, que son muy eficaces in vitro, pero que en etapas muy evolucionadas, en las que hay poco virus pero mucha inflamación, no tiene mucho sentido. Es un problema de trasladar los tratamientos a etapas muy iniciales.

“Con el zica tuvimos suerte de que quedase acantonado, están el dengue, el ebola, la fiebre hemorrágica de Crimea… Hay muchos virus que vienen de animales que no serían tan peligrosos si se estudiasen y se preparasen vacunas de posibles mutaciones”

La Hidroxicloroquina era el medicamento que recomendaba Donald Trump. A Trump le han vendido ideas que luego él ha trasladado. Él abogó por esto para controlar la infección y de esta manera evitar el colapso económico porque la enfermedad ya no sería un problema. Comparto muy pocos puntos de vista con Trump pero en este caso le vendieron el concepto, una terapia que puede prevenir y evitar contagios. Tiene su lógica. Lo que pasa es que él abogó por tomarlo ya infectado y yo hablo de evitar el contagio. Quiero que quede claro que las cosas hay que demostrarlas, tienen que tener una base racional científica y eso se demuestra in vitro. Si no, no vamos a pasar a ensayos en vivo. En nuestos ensayos no funciona, pero en ocasiones hay sorpresas. En el sida la cantidad de virus que infecta a la persona no es muy alta, en la covid-19 sí lo es, y puede ser que el fármaco no consiga contenerlos. Pero conceptualmente hay que seguir investigando estos farmacos.

Se trataría entonces de convertir una enfermedad mortal en una grave, pero no mortal. Si se hacen tratamientos muy tempranos, se evitan las entradas en la UCI, el colapso sanitario y la mortalidad. Y sin mortalidad ya no hay ese miedo escénico y social. La gripe mata cada año a muchas personas, pero no se para la economía por ello. Lo que crea la alarma es una enfermedad que tiene diez veces más muertos que la gripe y que es mucho más contagiosa. Si le quitamos mortalidad porque médicamente hemos aprendido a tratarla mejor estaremos quitándole el peso.

¿Por qué nos pilló tan desprevenidos? Porque no se invierte nada en investigar mutaciones de familias de virus que puedan volver y ser más contagiosas y agresivas. Con el zika tuvimos suerte de que quedase acantonado, están el dengue, el ebola, la fiebre hemorrágica de Crimea… Hay muchos virus que vienen de animales que no serían tan peligrosos si se estudiasen y se preparasen vacunas de posibles mutaciones y para animales que contengan estos virus. Los coronavirus nos lo están diciendo muy claro. Más alto ya no lo pueden decir, ya han aparecido tres veces. Es hora de que se dedique dinero a la investigación de la salud global, se contemplen la salud animal y la ambiental como una prioridad y podamos diseñar vacunas que se anticipen a nuevas enfermedades.

“Fármacos como el Remdesivir, son muy eficaces in vitro, pero en etapas muy evolucionadas, en las que hay poco virus pero mucha inflamación, no tiene mucho sentido”

¿La campaña #yomecorono existiría si la inversión pública en salud fuera mayor? La Administracion debería invertir en investigación diez veces más, como se hace en el resto de Europa. Hay grupos muy capaces de investigadores en España, con mucho talento. Tener ideas no es muy complicado. Lo difícil es poderlas llevar a cabo y eso requiere capacidad de liderazgo, un grupo, y sobre todo dinero que permita desarrollar rápidamente la reacción frente a un desafío. Y siempre hará falta solidaridad para responder de inmediato y apoyar a grupos de investigación mientras la Admistración se redirige. La solidaridad de los ciudadanos en un momento en el que todos los poderes, del político al sanitario, se desconciertan es lógica y es de gran ayuda. Un proyecto de investigación para poder llevar a cabo una vacuna de aquí a un año cuesta, como mínimo, 15 millones de euros. Nosotros tuvimos la suerte de disponer de un consorcio con el que ya trabajamos anteriormente en vacunas terapeúticas contra el cáncer. Pero no todos tienen la misma suerte.

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