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‘Blockchain’ se abre sitio en la oficina

El listón está muy alto. Desde que a finales de 2015 la tecnología blockchain comenzase a ser conocida (de esa fecha son las primeras referencias al término en El PAÍS, más allá de bitcoin), se ha vaticinado con frecuencia que su impacto sería similar a Internet. Son palabras mayores, y en este tiempo la tecnología de la cadena de bloques ha sido víctima de malentendidos y expectativas infladas. Es mucho más que la tecnología que sustenta bitcoin, pero al mismo tiempo no es para todo ni para todos. Aclaradas las incomprensiones y ordenadas las competencias, los tecnólogos más convencidos de las bondades de blockchain esperan que este 2020 sea el año en el que se generalicen algunas de sus aplicaciones.

¿Pero en qué tipo de empresas y de operaciones va a tener más impacto a corto plazo blockchain? Para responder a esa pregunta primero hay que repasar las principales virtudes de esta tecnología.

Montse Guardia, directora general de Alastria, una asociación de más de 500 empresas y organizaciones que trata de impulsar el uso de blockchain en la economía española, tiene claro cuál es la más importante: “La magia de blockchaines que facilita el intercambio [de valor o de información] entre pares sin necesidad de que exista confianza entre ellos”. Mediante una red en malla, en la que la transmisión de la información es percibida por todos sus participantes al mismo tiempo, sin jerarquías, la cadena de bloques funciona como una máquina de certificación digital de que algo ha sucedido en un momento concreto. Si hay intentos de corromper esa cadena de bloques, no pasan desapercibidos: los miembros de la red (o más técnicamente, sus nodos) son testigos constantes de todo lo que pasa en ella. Nacida como el soporte tecnológico de una revolucionaria idea económica —la emisión descentralizada de dinero, a través de una moneda virtual, bitcoin—, blockchain empezó a desarrollarse en el ámbito financiero y allí se concentra la mayor inversión en la tecnología. La consultora estadounidense IDC Research pronosticaba que la inversión global en esta tecnología crecería en 2019 un 88%, superando los 2.600 millones de dólares. Más de un 37,9% correspondería al sector financiero, incluyendo al mundo del seguro.

2020 será el año del despegue de esta tecnología.

“La banca y los seguros son el sector natural de blockchain, pero hay muchos más”, dice Guardia. Otra de las grandes virtudes de esta tecnología, la trazabilidad de la transmisión de información, la hace especialmente útil en procesos logísticos, además de para evitar fraudes y falsificaciones. La cadena de bloques sirve para certificar desde la calidad de unos zapatos hasta la procedencia de una naranja, además de acortar procesos burocráticos en los que intervienen varias partes, como el pago de la reparación de un siniestro automovilístico, explica Guardia.

Al plasmar todas estas posibilidades en casos de uso empresarial, la directora general de Alastria detecta dos grandes grupos: “En líneas generales, las grandes empresas aplican una innovación continuista: tratan de utilizar esta tecnología para mejorar sus procesos. Y hay startups que aplican una visión más rompedora, creando nuevos modelos”.

Entre estos últimos, brotan empresas de todo tipo. Unison Rights, una startup nacida en Barcelona, está aplicando blockchain en la gestión de derechos de autor, una actividad en la que la trazabilidad es fundamental. Otro ámbito que puede beneficiarse de blockchain es el de los juegos online, donde se empiezan a transaccionar tokens —unidades de valor emitidas de forma privada— mediante una cadena de bloques.

Frente a estos usos, que encajan en las características de blockchain, no falta quien denuncia que muchos proyectos aplican la tecnología como simple respuesta a una moda empresarial y mediática. “Es cierto que en ocasiones se trabaja con blockchain cuando dispones de otras tecnologías que hacen la misma función”, concede Guardia, que pide paciencia, convencida de que el humo se disipará. “Esta es una tecnología compleja y nos falta todavía mucho por explicar. Además, el uso de blockchain necesita un cambio cultural y también una adaptación normativa”, concluye.

Organización diversa

Aunque se hable de blockchain como un genérico, hay innumerables formas de organizar la cadena de bloques, tantas como decidan sus participantes. “De la misma manera que el diseño de una vivienda te marca la forma de vivir, la arquitectura de cada cadena de bloques determina cómo se producen los intercambios”, explica Montse Guardia. La gobernanza es flexible y la primera decisión es el acceso a la red.

Las cadenas de bloques pueden ser públicas o privadas. La diferencia: en las públicas, como bitcoin, cualquiera puede ver lo que está sucediendo e incluso validar las transacciones de información o valor, mientras que las privadas son entornos cerrados que funcionan por invitación. No todas las redes empresariales son necesariamente privadas: las públicas tienen más escala y una inevitable transparencia que no siempre gusta a las compañías.

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