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Baja la tensión en Ifema tras el caos del fin de semana

Objetora de conciencia. Eso se planteó una médica de familia residente de cuarto año cuando vio el panorama en el hospital de campaña que la Comunidad de Madrid ha levantado en Ifema, pero le dijeron “cuidado”. Con un país en estado de alarma, “podría tener consecuencias”. Así que esta médico de familia de 28 años sigue yendo al recinto ferial madrileño y sumando guardias en las urgencias del hospital Infanta Leonor, en Vallecas. Durante el pasado fin de semana y hasta este lunes, las quejas de profesionales y sindicatos, sobre todo en el pabellón 5—el primero que se abrió de forma provisional con 200 camas—, se multiplicaron: falta de equipos de protección individual, hacinamiento y poca privacidad de los pacientes, escasos recursos en farmacia y en materiales… La lista era larga. La noche del martes, según el relato de los profesionales, el nivel de caos “bajó” ligeramente. “Pero sigue siendo un desastre”, sentencia la médica. Fue una pequeña tregua.

En las últimas 24 horas, el pabellón 5 se ha cerrado y todos sus pacientes han pasado al número 7, que, junto con el 9, son los dos únicos operativos después de 10 días en funcionamiento, con 1.400 ingresos y 535 altas, según datos de este martes del director médico del hospital de campaña Antonio Zapatero. En este momento tienen 870 pacientes, aunque la capacidad prevista es de 5.500 camas y 500 plazas de cuidados intensivos —que previsiblemente tendrá las primeras 16 activas este miércoles— con 400 médicos y 400 enfermeras.

El hospital temporal de Ifema lleva 10 días en funcionamiento, con 1.400 ingresos y 535 altas. En este momento tienen 870 pacientes

El domingo, la Comunidad reconoció que durante esa tarde hubo “un problema puntual de organización” que provocó las protestas. El propio coordinador general del hospital, Fernando Prados, asumió dichos problemas y pidió disculpas. Este martes, en una entrevista en los informativos de La 1, el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, reconocía que “igual algún desajuste” había habido, pero “se han solucionado”. Y aseguraba que Ifema va “va cogiendo mayor velocidad y mayor optimización de los recursos”.

Mascarillas con celo como protección

“Parece que se van organizando, yo, que no he estado el fin de semana, iba anoche [por este lunes] asustada por lo que me fuera a encontrar, pero ya no es tan caótico”, cuenta saliente de su turno de noche una enfermera del Summa, el equipo que cubre las nocturnidades en Ifema. Entró al pabellón 7. Allí, dos controles estaban ya completos (50 hombres en uno y 50 mujeres en otro) y un tercero tenía una decena de pacientes: “Por cada uno hay un médico, dos enfermeras y tres auxiliares, menos en el último, el tres, que al estar más aliviado de carga tenía una auxiliar”. Esa organización, al parecer, duró unas horas.

La médica residente cuenta la tarde del martes que “han vuelto a irse muchos médicos porque cuando han llegado no les han asignado equipo ni tarea, después de ir hasta allí”, una queja que repiten desde hace días: “Vas y no te dicen nada, estás allí sin hacer nada, muchos residentes se han ido también”. Narra cómo el cierre del pabellón 7 y la apertura del 7 ha provocado un cambio en la organización: “Eso sí, han dejado un retén, es decir, profesionales que van cada día ‘por si acaso, como si no hiciésemos falta en nuestros centros de salud”.

La plantilla de Ifema sale de otras áreas del Sermas (atención primaria, Summa y hospitales), lo que provocó otra tanda de críticas de profesionales, sindicatos y el Colegio de Médicos de Madrid porque suponía “un vaciado de la atención primaria”. Según cálculos de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, el cierre de los centros de salud de esta semana, por ejemplo, afecta “entre 400.000 y 500.000 personas”, con los últimos datos disponibles, de 2018.

  • Puedes consultar aquí el listado de centros cerrados este 31 de marzo

Tampoco quedan ya mascarillas de protección: “Están poniendo celo a otras para intentar que protejan algo más y ya les han avisado de que para mañana no quedan y que las guarden”. Tampoco les han podido dar morfina este mediodía cuando un paciente ha comenzado a empeorar: “No había UVI porque estaba en el traslado de otro paciente, han pedido morfina y les han dicho que estaba bajo llave y que sin supervisores no había forma, y ya se habían ido”.

Cambio en la calidad de la protección

No es el escenario que vio la noche de este lunes la enfermera del Summa, delegada de la Central Sindical Independiente de Funcionarios (CSIF). Hubo equipos de protección individual para todos, “eso sí, solo uno, y la pantalla de protección era de bastante mala calidad”. Explica que lo más recomendable es que hubiera al menos dos, sobre todo si hay un descanso o tras hacer una técnica invasiva a un paciente: “La contaminación con un EPI para todo el turno es más probable que si al menos tuviéramos un par, pero al menos hay”. En el siguiente turno escaseaban de nuevo.

Además, explican varias trabajadoras, la calidad de esos equipos ha cambiado. Paula Company, una enfermera de 24 años, cuenta que por alguna razón que nadie le ha explicado el nivel de protección de los sanitarios en los nuevos pabellones ha bajado: “No tengo claro qué tenemos que llevar para protegernos de un paciente de Covid-19”. “Nos dijeron que, para trabajar en el pabellón 5, nos habían sobreprotegido”. Los nuevos EPIs son más ligeros. Company cuenta que “es una batita verde de tela que se rompe enseguida y una especie de chubasquero impermeable que no cubre ni hasta el pie ni mascarilla de protección ni viseras de plástico”.

Alberto Cabañas relata lo mismo sobre los últimos días. Este médico de familia residente de cuarto año asegura que cualquier parecido con un hospital “es pura coincidencia”. No ha visto aún el pabellón 7, pero en el 5, afirma, “la situación era dantesca“. “Ni extracciones para analíticas, ni pruebas de imagen para hacer el seguimiento a los pacientes, ni farmacia más o menos completa que permita el control de otras enfermedades”, dice, “porque los hay que también tienen diabetes o hipertensión”.

La farmacia parece ser uno de los problemas solventados la noche de este lunes. La enfermera del Summa asegura que, al menos en su turno, “por cada control había una nevera con medicación y fungibles, lo justo pero suficiente”. Los ordenadores, impresoras y el programa informático con el que trabajan parecen también empezar a funcionar de forma regular.

Una larga lista de deficiencias “fáciles de solventar”

El resto de deficiencias aún no se han solucionado. Algunas de ellas son “fáciles de solventar”, según la enfermera del Summa. La poca privacidad entre pacientes que se agudiza, por ejemplo, en un sondaje vertical, que podría solucionarse con un biombo. La lejanía de los vestuarios del pabellón donde se trabaja: ”Vas paseando con tu pijama hasta que llegas, se supone que es zona limpia porque está fuera, pero no deja de ser un entorno contaminado. Debería haber un vestuario por pabellón para más seguridad, así también evitas la aglomeración de los sanitarios”.

También nota falta de puntos de desinfección de manos, y poca seguridad en el circuito que va de la zona “sucia” a la “limpia”: “Te tienes que quitar el traje antes de salir del todo del área contaminada y, como tampoco hay duchas, te vas a casa, con tu familia, con esa ropa, habría que mejorar ese circuito y que hubiera acceso a duchas para los profesionales”. Y anota que, “aunque parezca una tontería”, les han dado esfigmomanómetros —el antiguo aparato para tomar la tensión para el que hay que usar un manguito y una perilla de aire manual y un fonendoscopio para auscultar al paciente— en vez de tensiómetros, eléctricos: “El riesgo de tener que acercarte tanto al paciente, manipular mascarilla para poner el fonendo… Se evita con un simple manguito a pilas”.

Una médica, en Ifema desde que se inauguró el pasado 21, recibió este martes un WhatsApp de una colega para preguntarle qué tal, otra facultativa que quiere ir pero no se atreve por el panorama que vislumbra. La médica le contesta: “Es caótica la organización. Pero luego entre nosotros fenomenal, buen rollo, todos nos ayudamos…. Nosotros, que abrimos el pabellón 5, el primero, empezamos con las manos y poco más. Hacíamos medicina de guerra, puramente clínica y hemos sacado a casi todos los pacientes, algunos se pusieron más malitos y los volvimos a trasladar a hospitales para más pruebas o UCI, y me quedo con esto”. Cada vez que se va de alta un paciente, escribe, “se viene abajo el pabellón de aplausos”. Otra enfermera sentencia: “A veces para sobrevivir en el caos tienes que agarrarte a la más mínima cosa buena”.

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