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Asistencia comunitaria

Hospital de Ifema para los enfermos de la covid-19.Hospital de Ifema para los enfermos de la covid-19.Manu Fernandez / AP

La clausura del hospital de campaña habilitado en el recinto de Ifema en Madrid se ha convertido en un símbolo ambivalente de la fase en la que ahora entramos: el cierre significa por un lado el gran alivio de haber superado el pico de la epidemia sin que el sistema sanitario haya llegado al temido colapso, pero por otro, el mismo acto de clausura se convirtió en un ejemplo de los riesgos de un desconfinamiento imprudente. Los llamamientos a la responsabilidad individual con los que las autoridades sanitarias piden la colaboración ciudadana para vencer al virus se vieron el viernes gravemente empañadas por una celebración oficial organizada con irresponsable frivolidad que puso en peligro a los asistentes y se convirtió en el ejemplo de lo que no se debe hacer.

Cumplir escrupulosamente las medidas de distanciamiento social y redimensionar el sistema sanitario son los dos grandes retos de esta nueva fase. La extraordinaria capacidad de adaptación que ha demostrado la red sanitaria para triplicar el número de camas de UCI en los lugares más afectados y atender la avalancha de enfermos de covid-19 se verá sometida ahora a una nueva prueba, cuando los hospitales y centros de salud tengan que asumir la atención de miles de pacientes crónicos suspendida por la pandemia y que ya no admite más demoras. Todo ello con la complicación de tener que mantener dos circuitos asistenciales diferenciados, uno para enfermos de covid-19 y otro para el resto.

Es de vital importancia que los hospitales mantengan planes operativos que les permitan ampliar los dispositivos rápidamente en caso de rebrote y dotar de muchos más recursos a la Asistencia Primaria, pues de ella dependerá ahora el control de la epidemia.

Los centros de salud deberán asumir al mismo tiempo la avalancha de pacientes crónicos postergados y el control de nuevos contagios con el correspondiente seguimiento de contactos para frenar las cadenas de transmisión, además de gestionar la encuesta serológica que ha de permitir saber cuánta población se ha infectado. Todo eso requiere muchos más medios humanos y tecnológicos de los que ahora dispone. La Asistencia Primaria fue el nivel asistencial que sufrió el mayor recorte presupuestario a causa de la crisis (un 16% entre 2009 y 2014) y se encuentra especialmente debilitada en las dos comunidades con más afectados y más riesgo de recaída, Madrid y Cataluña. Es el momento de abordar reformas demasiado tiempo postergadas. Además de ampliar considerablemente las plantillas, es preciso dotar a sus profesionales de mayor capacidad diagnóstica y de acceso a las pruebas médicas, y habilitar mecanismos de telemedicina que permitan desburocratizar la actividad asistencial. Hasta ahora, los esfuerzos se han centrado en la asistencia hospitalaria. Ahora es el turno de la asistencia comunitaria.

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