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Así se montó en 29 horas el hospital milagro de Ifema

El macrohospital de campaña de Ifema, uno de los milagros que ha dejado heredados esta crisis del coronavirus, fue antes una idea manejada entre amigos médicos y gestores sanitarios que un señuelo político. Y la madre intelectual del proyecto, Yolanda Fuentes, la exdirectora de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, ha resultado su primera víctima. A comienzos de marzo, con el virus desatado, especialmente en Madrid, Fuentes comentó en una conversación con otros directivos sanitarios que estaba insistiendo para montar un hospital de campaña con el que descongestionar el colapso que sufrían ya las UCI. En esa charla participó Juan José Pérez Blanco, ingeniero industrial y compañero de trabajo de Fuentes durante la anterior crisis del ébola. Cuando los políticos, la presidenta regional, la popular Isabel Díaz Ayuso, y su consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, tomaron la decisión de ponerlo en marcha con el presidente de Ifema, el ingeniero Clemente González Soler, Fuentes llamó a Pérez Blanco y le lanzó el reto. El ensamblaje empezó a las 17.00 horas del 20 de marzo y 29 horas y media después ingresó el primer paciente de la covid-19.

En aquella conversación privada, en una noche a comienzos de marzo, médicos, directores y gerentes de hospitales de varias zonas de España compartieron su inquietud por el nivel de contagio de la pandemia y por cómo les estaba ya afectando gravemente en sus trabajos. Yolanda Fuentes, canaria, de 46 años, médico y experta en respuestas a este tipo de epidemias, comentó que ella estaba presionando en la Comunidad para aliviar el drama en Madrid con un hospital de campaña en Ifema.

No le debió costar mucho a Fuentes convencer de ese plan al consejero de Sanidad, que la había fichado para el puesto de directora general de Salud Pública conociendo de antemano su excelente currículo y capacidad de trabajo, pero también su talante “proactivo en el trabajo, sincera, práctica y directa, que muere por una idea”, como la define un excolaborador. Fuentes ya dimitió de ese puesto en la anterior etapa del PP al frente de la Comunidad, durante la presidencia de Cristina Cifuentes, cuando el consejero era el peculiar Jesús Sánchez Martos.

Juan José Pérez Blanco no era un amigo cualquiera de Yolanda Fuentes. Trabajó con ella cuando ejerció durante siete años de director de gestión del hospital La Paz y ese centro absorbió al Carlos III, que ella dirigía. La crisis del ébola les pilló en esas responsabilidades y congeniaron. El 20 de marzo, fecha clave para el levantamiento del hospital de Ifema, Fuentes llamó a Pérez Blanco para tenerle sobre aviso en cuanto el consejero dio la orden de montar el mayor hospital de campaña de España. Eran las 12.00 horas.

Esa misma mañana, Díaz Ayuso se apresuró a localizar al presidente de Ifema para refrescarle una conversación del 12 de marzo sobre la disponibilidad del recinto. Ayuso le había comentado entonces a Clemente González Soler las carencias que se encontraba para enfrentarse a la propagación del virus y le requirió la colaboración de ese gigante recinto ferial. Ifema levantó el año pasado 890 eventos, algunas ferias en apenas un día, y cosechó su gran éxito internacional con la organización de la cumbre del clima, COP-25, en cuatro semanas.

Clemente González Soler, presidente del Grupo Alibérico, con 35 empresas y fábricas en cinco continentes, experto en el uso del aluminio, le habló a Ayuso de dos pabellones concretos (12 y 14) que luego corrigió porque el Ayuntamiento de la capital, también accionista de Ifema junto con la Cámara de Comercio, los acababa de reclamar para albergar, en colaboración con Cruz Roja, a 150 personas sin techo.

El 20 de marzo, Ayuso retomó con González Soler aquella charla, tras asumir las recomendaciones de su consejero y de su entonces aún directora general de Salud Pública, Yolanda Fuentes, y a las 10.30 horas recibió el plácet del máximo ejecutivo de Ifema para ocupar los pabellones 7 y 9, cada uno de 20.000 metros cuadrados. González Soler, asesorado por su mano derecha y director general, Eduardo López-Puertas, sí le planteó a la presidenta madrileña algo más que un dilema: “¿Quién va a decidir lo que hay que hacer y cuándo? Porque nosotros no sabemos nada de montar hospitales?”. Ayuso le remitió a su consejero para cerrar los flecos con López-Puertas.

A las 12.30 del 20 de marzo el consejero encargó el envite por teléfono al ingeniero Pérez Blanco. Tuvo que hacer además el trámite de pedir autorización a los jefes directos del elegido en su actual destino profesional, el hospital general de Majadahonda, de gestión privada. “En media hora estoy en tu despacho”, le contestó Pérez Blanco. Cuando llegó, el consejero terminaba una videoconferencia y le espetó: “Vete para Ifema, llama al director, hay que montar 5.000 camas y otras 500 de UCI”. Había quedado en la puerta de Ifema con Eduardo López-Puertas, pero llegó antes y tuvo un rato para pensar. Aunque no había pedido nada a cambio de su trabajo, entendía que tendría disponibilidad para todo. En esos minutos se acordó de Alberto Jorge Camacho, un arquitecto con el que trabajaba en otro proyecto y le llamó: “Hay que montar un hospital de campaña en un par de días, ¿estás muy liado?”. El arquitecto reaccionó rápido: “Estoy en el estudio, espera que voy”.

Pérez Blanco detalla aquellos primeros instantes aún con ilusión: “En ningún momento nos planteamos que no se podría hacer, había flotando una conciencia de la gravedad del problema y de la necesidad de ayudar. Empezamos los paseos por los pabellones e íbamos enumerando qué hacía falta, qué no se podía olvidar. La principal preocupación era la instalación de los gases medicinales, porque todo lo demás tenía la sensación de que se iba a conseguir”.

Aquel 20 de marzo fue un día frenético. El arquitecto se marchó al estudio a dibujar bocetos de módulos y pasillos. Y en Ifema, Pérez Blanco, los directores de área y 40 miembros de su equipo, pensaron mientras tanto si el suelo debía llevar PVC. Las llamadas fueron en aluvión. A sus principales proveedores de servicios e infraestructuras (cáterin, limpieza, residuos, lavandería, mantenimiento, electromedicina, logística) y, sobre todo, a las dos multinacionales de gases medicinales (las competidoras Air Liquide y Carburos Metálicos) para que instalasen en tiempo récord un gran depósito de 80 metros cúbicos de oxígeno.

A las cinco de la tarde los operarios se pusieron manos a la obra, pavimentaron con el PVC, levantaron los primeros módulos de enfermería, las tomas de electricidad y de agua. Hubo dudas y tropezones. Había que acomodar kilómetros de tuberías especializadas de cobre, algo nada sencillo, y se personaron 200 voluntarios, soldadores y fontaneros. Ninguno preguntó si se iba a cobrar. También llegaron para colaborar altruistamente los 200 empleados de Ifema. Ikea donó las primeras 500 camas.

Durante el día 21, y, en pocas horas, aterrizaron desde distintos centros de la Comunidad 1.200 médicos y personal de enfermería y fue ahí cuando resultó fundamental el sistema de organización implantado por Antonio Zapatero, el director médico del hospital Covid-19, premiado ahora como viceconsejero de Sanidad tras la dimisión de Yolanda Fuentes por no querer firmar precipitadamente la petición de Madrid a la fase 1 de la desecalada. Esa noche, antes de las 22.30, entró el primer paciente del hospital milagro. El 1 de mayo, tras 4.000 ingresados, se dio la última alta y se organizó la fiesta que los políticos descontrolaron. Pero el espíritu de Ifema quedó ahí, en la retaguardia.

Clemente González aún se emociona al recordar lo logrado: “Cuando se alinean los objetivos y valores con un estilo de trabajo, con oficio, y se eliminan los egos, los españoles podemos ser los mejores y comernos el mundo”. Juan José Pérez Blanco rememora las jornadas duras pero con mucha nostalgia: “Ha sido lo más potente que me ha pasado en mi vida pero al final hasta nos dio pena dejarlo, porque el hospital funcionaba y queríamos que nos mandasen más pacientes covid-19 porque los cuidábamos muy bien”.

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