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Así se adaptan los clubs privados al pos-Covid-19

La vuelta a la normalidad está marcada por las medidas de seguridad y la distancia física. Todo un reto para los lugares que, hasta que se desató la pandemia, funcionaban como punto de reunión y de contacto entre personas. Es el caso de los clubs privados enfocados a los negocios, que empiezan a abrir de nuevo sus puertas y deben adaptar tanto sus espacios como sus actividades a la vida tras la pandemia.

Las medidas de seguridad son la prioridad en la vuelta a la rutina de Sociedad Bilbaína de Bilbao. Su vicepresidente, Juan Ignacio Goiria, también es médico y expone en detalle las recomendaciones sanitarias que han aplicado. Además de la toma de temperatura, el uso obligatorio de mascarillas en los espacios comunes y la presencia de gel hidroalcohólico en todas las instalaciones, desde el club han realizado test de coronavirus a aquellos socios que lo han pedido.

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El portavoz del club celebra que, al localizarse en un edificio antiguo, construido en 1913, los espacios son especialmente amplios, lo que facilita que se cumplan sin problema los protocolos relativos a la distancia física obligatoria entre personas. En esta línea, Goiria hace hincapié en que es más sencillo que se respeten estas recomendaciones en espacios tan acotados como los clubs. “En bares o sitios públicos muy abiertos hay menos control y estas medidas son mucho más difíciles de cumplir”, ilustra el experto.

Más allá de los cambios en la organización interna para salvaguardar la higiene, los eventos que organizan en estos espacios también van a sufrir importantes transformaciones. El presidente del Círculo Ecuestre de Barcelona, Antonio Delgado, apuesta por un formato híbrido en el corto plazo. “Pensamos que hay que aportar valor a los socios, pero también a la sociedad. El reto está en cómo nos reinventamos para conseguir lo mismo con una presencialidad menor”, plantea el directivo. Para mantener su oferta diferencial, están trabajando en desarrollar plataformas digitales que no se limiten a retransmitir los encuentros en vídeo, sino que también ofrezcan la posibilidad de interactuar con las diferentes audiencias.

Durante el confinamiento ya organizaron varios eventos online, lo que les dio ideas para incorporar al club al recuperar la rutina. Por ejemplo, ofrecer conferencias conjuntas con clubs similares ubicados en otros países o contar con ponentes internacionales que serían prácticamente imposibles de traer a España de otra manera, tanto física como económicamente. “Estoy ilusionado más que preocupado”, reconoce Delgado, para quien esta crisis ha abierto la puerta a la innovación en este campo.

A pesar de que durante este tiempo muchas personas se han acostumbrado a mantener reuniones online, desde estos centros no creen que esto sea una amenaza para su actividad. Todo lo contrario. El director del Club Alma de Madrid, Javier Díaz, vio que era la ocasión para renovarse: ha decidido incorporar pantallas y sistemas de videoconferencia en todas sus salas para facilitar estas nuevas formas de interacción. “El tema online ha llegado para quedarse, pero somos latinos y siempre vamos a necesitar tocarnos. La gente lo ha echado mucho de menos”, insiste.

Goiria también tiene clara la relevancia de los clubs incluso en tiempos de distanciamiento físico, pues la cuarentena ha sacado a la superficie una gran cantidad de herramientas para permanecer en contacto. El valor añadido de estos centros son las redes que se tejen y que se han mantenido incluso durante la pandemia, ya sea por WhatsApp, correo o cualquiera de las plataformas digitales. Asimismo, durante la pandemia, los socios han podido disfrutar de la ópera y la música desde el salón de sus casas a través de acuerdos específicos con entidades como la Sociedad Filarmónica de Bilbao.

Control de entrada

Sin contacto. Los clubs han incorporado medidas de control de acceso como la toma de temperatura, sin embargo, en el Club Alma han ido un paso más allá y han implementado un sistema de reconocimiento facial en la puerta. Hasta ahora, el acceso se controlaba mediante la huella dactilar, pero este formato se ha suprimido por seguridad. Así, el nuevo sistema reconoce la identidad del socio y sus acompañantes, mide su temperatura corporal y les deniega la entrada en caso de que presenten fiebre.

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