Las noticias

Así naufragó la negociación del Poder Judicial

Son casi las doce de la noche del jueves y hay que tomar una decisión. Félix Bolaños y Teodoro García Egea llevan una semana viéndose dos veces al día y hablando sin parar por teléfono. El primero es el hombre para todo de Pedro Sánchez. El segundo, la mano derecha de Pablo Casado. Llevan horas reunidos. Todo está claro. El PP quiere forzar al PSOE a elegir: ellos o Unidas Podemos.

Los populares han vetado a los dos candidatos de Pablo Iglesias para el Poder Judicial: los jueces José Ricardo de Prada y Victoria Rosell. Unidas Podemos y el PSOE hacen una última concesión: Rosell, exdiputada de los morados, se cae de la lista. Aparece otro nombre propuesto por los morados en la versión final. Pero De Prada sigue ahí. Es un juez sin trayectoria política, ya fue aceptado por el PP en 2018, en la anterior negociación frustrada, no tiene pegas especiales aunque haya que meterlo en la lista de juristas y no en la de jueces. Para Iglesias es una línea roja. No puede aceptar dos vetos del PP, lo considera una humillación.

Casi todo lo demás está pactado o es salvable. Incluso la presidencia, para la que hay varias opciones negociables. Aunque en Unidas Podemos creen que el problema real ha estado ahí, en la presidencia, y no tanto en los vetos a sus vocales, que ven más como una excusa.

A esas horas de la noche, Prada es un escollo insalvable. El PP dice que no aceptará bajo ningún concepto a este juez, que fue clave en la sentencia que más daño ha hecho a los populares en su historia: la que les sacó del Gobierno, tumbó a Mariano Rajoy y tiene al gran partido de la derecha contra las cuerdas desde entonces, compitiendo con una escisión suya como Vox que en 2018, cuando llegó la moción de censura, no llegaba a 50.000 votos.

Bolaños hace una última ronda de consultas a ver si Unidas Podemos accede a poner otro nombre en lugar de De Prada. El PSOE lo asumiría, pero son los morados quienes tienen que decirlo. El PP sostiene que De Prada llegó a estar fuera de las listas, y volvió al final, pero desde el Gobierno aseguran que nunca hubo un papel en el que no estuviera el juez de Gürtel. Sí parece claro que los socialistas estaban dispuestos a levantarlo, pero Unidas Podemos lo descartó.

El interlocutor de Bolaños en este asunto, Enrique Santiago, secretario general del PCE, hombre de confianza de Iglesias y abogado curtido en mil batallas, incluida la negociación de la compleja paz en Colombia, se lo deja claro: es imposible renunciar a De Prada. En UP están tan hartos del PP que empiezan a plantear que ellos también pueden vetar nombres de los populares como el juez Alejandro Abascal, que investiga el caso Dina. Pero si el PP acepta a De Prada, todo se puede arreglar. Ese es el punto clave.

La negociación llega a un punto sin retorno. Egea hace una última consulta con Casado y Bolaños con Sánchez. Ya está. No hay nada que hacer. Se rompe. Se comunicará oficialmente, a las 00.21, solo 20 minutos después.

El presidente acaba de tomar una decisión política de alto calado. La coalición vive horas difíciles, hay tensión entre los socios, pero lo que el PP está planteando a esas horas de la noche, y lo ha hecho desde el principio, es que elija entre ellos y el grupo de Iglesias. PSOE y PP suman 209 escaños, podrían sacar adelante la renovación solos. Pero dejar fuera a Unidas Podemos de un órgano tan relevante sería casi como marcar el fin de la coalición.

Y Sánchez prioriza claramente la estabilidad del Gobierno antes de un pacto con el PP que implica una humillación de sus socios y aceptar un veto que considera antidemocrático porque viene de un partido que tiene cinco millones de votos frente a los tres de Unidas Podemos. Solo unas horas antes, PSOE y PP han pactado un consejo de RTVE sin vetos, en el que los populares han tenido que votar al director de Mundo Obrero, José Manuel Martin Medem, y los de Iglesias a Carmen Sastre, que denuncia a diario que TVE no cubría lo suficiente los procesos judiciales de Unidas Podemos.

Sánchez defendió a De Prada sin citarlo: “Tiene un currículum acreditado”. El PP lo destrozó: “su nombramiento sería ilegal”. Todo parece roto. Pero el presidente ha decidido esperar. No cambiará la ley para renovar el Poder Judicial sin el PP. Las cartas siguen encima de la mesa. Pero ya se sabe que Sánchez no romperá con UP para pactar con los populares.

Leave a Reply