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Así nace una amistad: amigos inseparables nos cuentan cómo se conocieron

Hace unos años, Maruxa Fernández estaba sacando dinero y el cajero se tragó sus billetes. “Yo notaba unos ojos clavados en la nuca”, cuenta ahora a Verne por correo electrónico. Cuando iba a llamar por teléfono al banco, una entonces desconocida “se abalanzó” sobre ella para preguntarle si el cajero también se había tragado su dinero. “Quedamos al día siguiente para reclamar y allí aparecimos cada una con su perro”, explica. Después de arreglar el tema bancario, se fueron a tomar un café juntas. Un café que, recuerda esta gallega de 44 años, “duró tres horas”. Desde entonces son inseparables.

Las amistades surgen de las formas más diversas. En la etapa escolar, estas se fundan sobre el tiempo y el espacio compartidos. En la edad adulta, en cambio, cobran más importancia las afinidades y los intereses comunes. “El hecho de pensar de forma similiar, compartir valores, formas entender la vida y hobbies favorece que la amistad se consolide”, explica a Verne Adriana Reyes, psicóloga y directora del centro Psicoemocionat.

Normalmente, en ese primer encuentro o primera interacción consciente no podemos saber si compartimos algo con ese desconocido. A veces es la situación la que te impulsa a iniciar el contacto, como le pasó a la ahora amiga de Maruxa en el cajero. A veces es algo más abstracto.

En 2009, Christophe Gaziello estaba colaborando en el rodaje de un corto en Madrid. El rodaje estaba siendo un caos y él, en un momento de enfado, decidió sentarse y no hacer nada. “Fue en ese momento cuando noté que había otra persona cerca que tampoco estaba haciendo mucho”, recuerda este canario de 35 años. La actitud de esa persona, “tranquila y calmada”, le dio la confianza suficiente para ser honesto. Así que se tiró a la piscina. “Esto es una mierda, ¿no crees?”, le dijo. Tras “un segundo muy largo”, el desconocido sonrió y admitió que sí, que era todo un desastre. Así conoció a Edgar.

La psicóloga Adriana Reyes explica por correo electrónico que lo que le pasó a Christophe con Edgar es también una mecha clásica que puede desembocar en una amistad. “Compartir una misma situación con un desconocido une”, cuenta la experta. “Podemos empatizar con esa persona, y ver que está sintiendo lo mismo que nosotros. Eso hace que tengamos cosas comunes de las que hablar y favorece el acercamiento”, apunta.

Gaziello habló con Edgar porque su lenguaje no verbal le dijo que podía. Ese lenguaje no verbal puede ser también una mirada que intercambias con alguien y que te indica que estáis pensando lo mismo sobre algo concreto. Les pasó a Carolina B. y Ariela Navarro en segundo de carrera. Los viernes tenían clase hasta las 9, así que mucha gente ya iba preparada para salir de fiesta después. Delante de varias personas, Carolina comentó que se notaba mucho quién iba a salir esa noche. Según reconoce años después, tenía en mente fundamentalmente a las chicas con minifalda y tacones. Por eso, le sorprendió tanto que aquella chica respondiera: “Como yo”.

Esa chica no respondía precisamente al estereotipo de persona que se ha arreglado para salir. Ariela, que también estaba en la conversación, describe su vestuario en los siguientes términos: “Un vestido de tirantes corto, como de niña, y una camiseta y unas medias estridentes a rayas, como de elfo de Navidad, pero blancas y negras”. Carolina y Ariela se miraron y tuvieron que esforzarse mucho por reprimir una carcajada. “Ahí­ creo que Carolina y yo nos hicimos amigas”, asegura Ariela.

La tercera en discordia, la de la ropa extravagante, era Cristina Fuentes-Cantillana, “Crispa”. Acabó haciéndose muy amiga también de esas dos chicas que se conocieron riéndose de ella, pero no lo supo hasta años después. “Al parecer mis ahora amigas se miraron horrorizadas por mi pichi negro (creo que era de Zara de niños) y se hicieron amigas, convirtiéndose en el núcleo fundacional del que luego sería nuestro pequeño y duradero grupito de amigas”, cuenta. Dice que “con el tiempo el pichi se puso de moda y todo”, algo en lo que coinciden sus amigas. Ariela reconoce que han comprobado “temporada tras temporada cómo todos los looks cuestionables de Crispa causan furor en Zara dos años después”.

Para pasar de ese primer contacto a una amistad hacen falta “más ingredientes”, afirma Adriana Reyes, que apunta que, “una vez se inicia la amistad, cuanto más contacto haya, más probable es que pueda seguir”. Es fácil cuando uno se conoce en un ámbito como el de la universidad, como Carolina B., Navarro y Fuentes-Cantillana, quienes a sus respectivos 35, 36 y 35 años conservan su amistad. Algo más difícil si hay que tomar esa decisión consciente de conocerse mejor.

Después de esa primera interacción durante el rodaje del corto, Gaziello y Edgar siguieron hablando toda la noche (todo el equipo se fue a celebrar el fin del rodaje). El entrevistado recuerda que se intercambiaron los números de teléfono y que pensó que le encantaría quedar con él ya al día siguiente para seguir charlando, pero no quería agobiarlo. “Uno no quiere parecer demasiado intenso cuando acaba de conocer a otro”, cuenta.

Sin embargo, al día siguiente sonó el telefonillo en su casa. Era Edgar, que pasaba por el barrio.”Era la primera vez que alguien venía a verme sin avisar y sin plan alguno. Preparé café y nos pusimos a hablar sobre cine. Desde entonces se ha convertido en mi mejor amigo”, asegura. Maruxa Fernández, la entrevistada que hizo una amiga en un cajero, cuenta que en ese café de tres horas vieron que tenían tanto en común que “era imposible que no nos hiciéramos amigas”.

Pero no siempre se empieza por el flechazo, como ilustra una popular viñeta de Moderna de Pueblo con el texto “con lo mal que me caías cuando te conocí y lo que te quiero ahora”. La psicóloga Adriana Reyes explica que las primeras malas impresiones se dan porque “prejuzgamos a la persona sin conocerla de nada y le atribuimos unas características que quizá no tiene”. Si con el tiempo conocemos más a esa persona, a veces nos damos cuenta de que esa primera impresión no estaba muy bien fundada.

Carolina B. recuerda que al final se hicieron amigas de Crispa porque siguieron las tres juntas en el mismo grupo de prácticas. “Nos contó que sus amigos jugaban al rol”, dice, lo que despertó su interés y el de Navarro. Además, era muy buena cocinera y una “friki” de la literatura. Acabaron quedando las tres todos los jueves en casa de Navarro. Ella, Navarro, ahora vive en Washington, pero las tres siguen teniendo una relación muy cercana. “Nuestro chat es una de las cosas que alegran mi día”, asegura.

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