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Así ha ido cambiando el mapa de las provincias españolas, clave en la desescalada

Nacer ahora en Cartagena supone pasar a engordar el censo de la región de Murcia; pero alguien nacido en la Cartagena de finales del siglo XVIII vivió en una provincia totalmente independiente, de Murcia y de cualquiera de las que hoy conocemos. El mapa de España está dividido en 50 provincias y en 17 comunidades autónomas, pero no siempre ha sido así. Estos días, con el debate sobre cómo llevar a cabo las fases de la desescalada, en el que el Gobierno apuesta por hacerlo por provincias, ser de una comunidad o de otra da igual, la provincia es la clave para ir antes o después a una terraza de un bar o para juntarte con amigos y familiares en una casa.

La organización de las provincias como la conocemos hoy está estrechamente ligada con el nombre de un granadino, Javier de Burgos, pero también con el de una reina. Fue María Cristina, cuando regentaba el reino de su hija Isabel II, la que encargó la reforma administrativa y territorial. En 1833, De Burgos, estando al frente de la secretaría de Estado de Fomento, diseñó en un mes el mapa de provincias que aún existe en España, con la excepción de Canarias, que hasta un siglo después no pasaría a estar formada por Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas.

El Real Decreto con el que se anunció el 3 de diciembre de 1833 la división de provincias dejaba claro lo que se buscaba con ella: “Persuadida para que sea eficaz la acción de la administración debe ser rápida y simultánea y asegurada de que esto no puede suceder…”. Unas líneas después puede leerse que el nuevo mapa era “un medio para obtener los beneficios que meditaba hacer a los pueblos”. En el texto legal se explica que la nueva organización no se basa únicamente en criterios geográficos, sino también en históricos, como a qué reino había pertenecido cada provincia. También se recoge que se tiene en cuenta la distancia y el número de habitantes, para que las provincias no fuesen muy desiguales.

Además de servir como guía para el plan de desconfinamiento, las provincias hoy tienen mucha más importancia organizativa y política de la que tenían hace siglos. La Constitución dedica un artículo, el 141, a explicar que la provincia es “una entidad local con personalidad jurídica propia determinada por la agrupación de municipios y división territorial para el cumplimiento de las actividades del Estado”. Cualquier alteración de los límites provinciales tiene que ser aprobado por las Cortes Generales y en las elecciones al Congreso y Senado estas sirven como circunscripciones. Repasamos los intentos de organización a lo largo de la historia que nos han llevado hasta el mapa actual.

Siglos XVI y XVII, provincias sin importancia política y administrativa

Durante los siglos XVI y XVII el concepto provincia se utilizaba para denominar algunos territorios de la Corona de Castilla. Estas, como explicaba a Verne Jesús Burgueño, autor de Geografía política de la España constitucional y profesor de la Universidad de Lleida, no tenían “importancia política o administrativa, eran territorios en torno a las ciudades con derecho a voto en las Cortes”. Si miramos el mapa siguiente de la España de 1590 vemos cómo, por ejemplo, la Corona de Aragón abarca, a parte de la propia Aragón, lo que hoy sería la Comunidad Valenciana y toda Cataluña.

En el XVIII comienza el orden

Los mapas del siglo XVIII ya comienzan a parecerse un poco al actual. Aragón y Cataluña siguen siendo provincias únicas pero hay otras que se dividen. Así, La Mancha y Cartagena tendrán entidad propia a partir de este momento. Uno de los motivos principales que impulsaron a esta reorganización fue facilitar el trabajo de los funcionarios, especialmente el de aquellos que se encargaban de recaudar el dinero de la gente. “La racionalización del mapa administrativo se entiende como un objetivo para la mejora de la gestión tributaria”, cuenta el experto.

De prefecturas a las Cortes de Cádiz

Hubo una época en la que España se organizó en áreas territoriales llamadas prefecturas, un término que se remonta a la época del emperador romano Diocleciano. Esto ocurrió a partir de 1808, cuando Napoleón invadió España. Las 38 prefecturas en las que se dividió al territorio apenas se implantaron, aunque esta organización inspiró el modelo que hoy conocemos.

En la Constitución de Cádiz de 1812 nace la idea de las diputaciones y el poder político de las provincias empieza a coger forma. Diez años después, se aprueba en las Cortes el proyecto de división territorial de Felip Bauzà y Agustín Llarramendi, que solo duró año y medio, hasta que volvió al poder Fernando VII. Entonces, las provincias ya eran muy parecidas a las actuales, aunque encontramos algunas que ya no existen, como la del Bierzo, en León; Xàtiva, en Alicante; o la provincia de Calatayud, que se componía de parte de Zaragoza y de Teruel. El retorno del absolutismo en 1823 lastró esta organización territorial pero tardó poco en volver con algunas modificaciones. El nuevo mapa, el diseñado por Javier de Burgos, fue aprobado en 1833 y tenía 49 provincias.

¿Por qué 49 y no 50?

Hasta 1927 Canarias fue una única provincia. Entonces, bajo el gobierno de Primo de Rivera, se dividió en dos: Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria. A pesar de esto, el desconfinamiento tanto en Canarias como en Baleares no tiene en cuenta las provincias sino las islas. En La Gomera, La Graciosa, El Hierro y la balear Formentera las terrazas ya están abiertas, están en fase 1.

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