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Ancianos abandonados

Las medidas de confinamiento dictadas para luchar contra el coronavirus tienen como objetivo principal frenar su expansión y proteger así a las personas más vulnerables, que son los ancianos y quienes padecen patologías previas. Es un gran contrasentido, por tanto, que no se hayan reforzado las medidas de seguridad precisamente en los lugares donde mayor concentración de personas vulnerables hay: las residencias de ancianos. El goteo de casos con un elevado número de contagios y muertes conocido en las últimas horas indica que estas residencias están viviendo una situación de colapso y abandono intolerables.

Las medidas de choque se han centrado hasta ahora en reforzar la capacidad de respuesta del sistema sanitario, pero es urgente extenderlas a esas residencias, donde el virus puede hacer mayores estragos. Las personas que viven en ellas y quienes los atienden están en una situación de alto riesgo por tratarse de lugares cerrados con una alta concentración de personas de salud endeble que comparten habitación y espacios comunes. Las plantillas de estos centros son muy justas incluso en circunstancias normales, de modo que a la facilidad de propagación hay que añadir la merma de aquellos trabajadores que también se han contagiado y que están en cuarentena.

Lo ocurrido en la residencia de Monte Hermoso de Madrid, en la que han fallecido 19 ancianos y se han contagiado 75 personas, da una idea del gravísimo problema al que se enfrenta Sanidad. El Defensor del Paciente ha presentado una denuncia ante la Fiscalía por los indicios de falta de seguridad, personal y medios. El hecho de que no se hubiera trasladado al hospital a los ancianos que fallecieron puede indicar una mala praxis que debe investigarse. Pero, al margen de los resultados que surjan de esta iniciativa, el caso tiene visos de ser la punta de un gran iceberg que el Gobierno no puede ignorar. Los ocho muertos registrados en la residencia Sanitas-San Martin de Vitoria o los 15 fallecidos en la de Elder de Tomelloso (Ciudad Real), según los últimos datos disponibles, indican que el problema puede ser mucho más grave de lo que ya sabemos. La llamada desesperada del director de este último centro, indicando que se encuentran desbordados y que carecen de los medios para hacer frente a la epidemia, pone al descubierto una situación que exige ser combatida, y atajada, de inmediato.

El sector sociosanitario debe ser objeto de todas medidas extraordinarias que se precisen. Hay que poner en marcha un inmediato plan de choque que dote a las residencias de los recursos materiales y humanos necesarios para enfrentarse a la emergencia, incluso recurriendo al personal sanitario militar. Tan importante como proporcionar seguridad en las calles es garantizarla en los lugares donde se concentra la población de mayor riesgo.

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