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Alivio tras 10 días de tensión en el ‘Open Arms’

Rescate de varios migrantes, ayer en el mar.
Rescate de varios migrantes, ayer en el mar.Ricardo García vilanova

Tras diez días de espera, el buque de la ONG catalana Proactiva Open Arms recibió este viernes finalmente el permiso para desembarcar en Palermo a los últimos 140 migrantes rescatados que quedaban a bordo. La cuarentena será obligatoria tanto para los migrantes, que se confinarán en un ferry dispuesto por el Gobierno italiano para ese fin, como para la tripulación, que deberá permanecer en el buque de rescate otros 14 días.

La autorización llegó, como viene ocurriendo desde el verano de 2018, después de días de mucha tensión y desesperación entre el pasaje, compuesto en un inicio por 276 personas rescatadas que habían huido de Libia. Los palermitanos que disfrutan de vistas al mar lo vieron. Eran las 8.00 del viernes cuando docenas de migrantes empezaron a tirarse por la borda del Open Arms. “¡Hombre al agua!”, se escuchó hasta 48 veces por los walkies de la tripulación. Otros 70 náufragos, que acabaron auxiliados por la guardia costera italiana y los socorristas del Open Arms, ya se habían lanzado al mar el día anterior. A poca distancia de la costa, refugiados del mal tiempo y sin respuestas, pensaron que era la única forma de llegar a tierra.

“¿Cuándo vamos a desembarcar? Dime cuándo y me quedo”, pedía un marfileño a uno de los 19 voluntarios que luchaba por contener la estampida. Fue imposible. Pasaban ya diez días desde que el Open Arms rescatara a los que viajaban en la primera de tres pateras localizadas durante la misión. El buque continuaba sin obtener permiso ni de Malta —en cuya zona de responsabilidad se realizaron los rescates— ni de Italia para desembarcar. La frustración llevó a la desesperación, y los migrantes acumulaban ya demasiada mucho antes de subir al barco.

Los que se quedaron se preguntaban, mientras desayunaban leche con galletas en cubierta, si no habrían malgastado su último cartucho. “¿Tendrán problemas con la Policía?”; “¿Los devolverán a su país?”… Las preguntas se amontonaban, pero una siempre se repetía: “¿Cuándo desembarcaremos nosotros?”. El teléfono sonó por fin a las 12. 46. Era la Capitanía de Palermo pidiendo al capitán del buque que preparase al pasaje para transferirlo a otro barco donde pasarán la cuarentena.

La alegría no tardó en estallar en cubierta: el movimiento del barco, escoltado ya por los guardacostas italianos, confirma que esta es la definitiva. A bordo del Open Arms se abrazan, bailan y se secan las lágrimas personas como Anwar, un senegalés que no ve el momento de hablar con su familia por videoconferencia, pero también Marina, la cocinera. Ni los de máquinas se esforzaban en contener la emoción.

“Ha sido un auténtico desafío y, sobre todo, muy duro”, asegura Albert Mayordomo, el barcelonés de 38 años que ha comandado la que ha sido la primera misión de rescate en tiempos de pandemia. “La gente que hemos rescatado ha sufrido muchísima violencia y llegaban exhaustos. La negativa reiterada de puerto de Malta e Italia durante todos estos días, sobre todo estando frente a la costa, no ha hecho sino provocar un escenario de incertidumbre en el que llegaban a desconfiar de nuestra palabra. Nos pedían una solución que no les podíamos dar, y tampoco les podíamos mentir”, explica el catalán desde el puente, aún enfundado en un EPI y sin quitarse la mascarilla. Mayordomo mantiene que la tensión que se ha vivido en el barco estos días no tiene precedentes, a pesar de que el buque ha llegado a estar 21 días esperando una respuesta de tierra, como ocurrió en agosto del año pasado.

El próximo paso para la tripulación no será aún en tierra firme, sino fondeados a poco más de una milla del puerto de Palermo mientras pasan la cuarentena. Tampoco lo será para los migrantes, que embarcaron este viernes en otro barco, el Allegra, uno de los cinco ferris alquilados por el Gobierno italiano para garantizar el aislamiento fuera de los centros de migrantes en la isla. Es una nave imponente: más de 150 metros de eslora y diez pisos de altura que hasta este viernes mismo se dedicaba al transporte cómodo de miles de personas por el norte del Mediterráneo.

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