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Adiós a Enzo Mari, “el único santo memorable del diseño”

La exposición que estos días puede verse en la Triennale de Milán, comisariada por Hans Ulrich Obrist, será la última oportunidad de acercarse a la obra de Enzo Mari (Cerano, 1932-2020) en los próximos 40 años. El artista y diseñador de muebles italiano, defensor de un diseño ético por encima del ego personal del creador, había manifestado su intención de donar todo su archivo a la ciudad de Milán con la condición de que no fuera accesible hasta dentro de cuatro décadas. Esta semana, pocos días después de inaugurarse la mayor retrospectiva de sus más de seis décadas de trabajo, el creador ha fallecido a los 82 años víctima del coronavirus en el hospital San Raffaele de Milán. Así, esta muestra, que puede visitarse hasta abril de 2021, se ha convertido en la última ventana abierta a un universo creativo donde el pensamiento tiene tanto peso como la belleza.

Mari fue uno de los grandes teóricos del diseño idealista, de carácter comunitario y cooperativo, racional, sostenible y funcional, y con un espíritu social indeleble. Abogaba por un diseño para todos, una revolución de la función y de la belleza como transformación de las ideas, que siempre deben desarrollarse ajenas a la trivialización.

En los últimos años, y más aún con la crisis pandémica, sus preceptos han sido rescatados por jóvenes creadores de todo el mundo como la mejor forma de impulsar un cambio global. ¿Por qué restringir entonces el acceso a su archivo? Como explica el arquitecto Stefano Boeri en el catálogo de la muestra, según las previsiones más optimistas de Enzo Mari, “pasarán 40 años antes de que una nueva generación que no esté ‘mimada como la actual’ pueda hacer un uso informado de su trabajo, retomando el sentido profundo de las cosas”.

Ciao Enzo. Te ne vai da Gigante”, escribió Boeri en su Facebook el 19 de octubre (“Adiós, Enzo. Te vas como un gigante”). El presidente de la Triennale de Milán no solo era amigo personal del diseñador. Boeri ha participado en la investigación del recorrido filosófico e histórico de su obra para la retrospectiva que se encuentra ahora abierta junto a Hans Ulrich Obrist, comisario de la exposición y director creativo de Serpentine Galleries de Londres, y la experta Francesca Giacomelli.

El recorrido parte de la idea sustancial del diseño como transmisión de conocimiento: “Il design è comunicazione del sapere”. En él se muestran 250 piezas, elegidas también gracias a la pareja de Enzo Mari, Lea Vergine, figura reconocida como crítica de arte, comisaria y luchadora por la igualdad de oportunidades de la mujer en un mundo casi exclusivamente masculino, que falleció veinticuatro horas más tarde que el diseñador, también víctima del coronavirus.

El compromiso de Mari con la construcción de una sociedad mejor no era una posición académica, distante, sino una motivación visceral. “Otro de los grandes diseñadores italianos, Alessandro Mendini, me dijo un día que Enzo Mari era el único santo memorable del diseño, así que decidí entrevistarle”, cuenta Juli Capella, arquitecto y experto en diseño, coautor junto a François Burkhardt y Francesca Picchi del libro Why write a book on Enzo Mari (por qué escribir un libro sobre Enzo Mari). “Me encontré con él en su estudio en Milán y, como solía hacer, respondía a mis preguntas entre gritos, enfervorizado, clamando por un diseño mejor como parte de una sociedad más avanzada. A pesar de su furor y de la forma colérica de argumentar sus ideas, todo acabó en una amistad que continuó durante años. En la intimidad era dulce y entregado”.

En el año 1999, Capella fue el coordinador de la exposición organizada en Barcelona, en el centro de Arte Santa Mónica, con motivo de la Primavera del Diseño. En la inauguración oficial en la Fundación Miró, Enzo Mari leyó su Manifiesto. “Reclamaba para el diseño moderno una vuelta a sus orígenes, basados en la búsqueda de un idealismo perdido. Fue fundamental su lucha por una ética en el diseño como ‘objetivo de todo proyecto’, es uno de sus legados principales”, recuerda Capella.

Creador de montajes de exposiciones, objetos útiles y lúdicos para el hogar y la vida contemporánea, autor de carteles, catálogos o packaging, además de profesor prominente en varias escuelas de todo el mundo, Enzo Mari fue un diseñador industrial autodidacta. De padre artesano, él había estudiado arte y literatura en la Universidad de Brera, en Milán, ciudad en la que residió toda su vida y donde desarrolló su prolífica carrera. Trabajó con varias empresas con las que acometió más de 1.500 proyectos.

Logró hasta cinco premios Compasso d´Oro, el más importante de Italia, con creaciones como la silla Delfina, que diseñó para Driade en 1974. También para esta firma desarrolló otra de sus piezas más reconocibles, la silla Sof Sof. Y más tarde, para Castelli, la silla Box, con un autoembalaje que aún hoy continúa siendo sorprendente. La primera colaboración y la más fructífera, sin embargo, fue con Danese, para la que llevó a cabo un trabajo muy personal. El diseño más delicado y reconocido fruto de este tándem es 16 animali, un juego infantil de madera en el que se ensamblan animales de diferentes formatos.

Para la posteridad también queda Autoprogettazione? (¿Autoproyectos?), uno de sus libros icónicos, publicado en 1974. Se trata de un manual con instrucciones detalladas para la construcción de muebles. Un proyecto abierto a la colaboración, en el que convierte a cualquier persona en diseñador y autoproductor. El manual contiene 19 piezas: nueve mesas, un banco, tres sillas, un armario, una estantería y cuatro camas. Todas podrían ser producidas con materiales locales, por todos y para todos.

“Este verano construí una de sus piezas en mi casa de campo de La Vera, una mesa”, cuenta el diseñador español Álvaro Catalán de Ocón, admirador del trabajo de Enzo Mari. “Al seguir las instrucciones, sentía la emoción de tener entre mis manos un diseño mítico. El propio Mari deja unas etiquetas en la última página del libro para autentificar el diseño con su propia firma”.

Catalán de Ocón conoció personalmente a Mari a través de su amigo, el diseñador Francesco Faccin, quien trabajó con el milanés. “Iba mucho a conversar con él, era fascinante escuchar sus ideas utópicas entre sus alaridos apasionados. Fue un mentor para mí, lo considero mi maestro”, reconoce. “Cuando expuse en el Salone Satellite de Milán, se acercó a mis piezas expuestas e inmediatamente ensalzó mi lámpara Cornucopia. Le pareció que rompía moldes por su esencialidad, por estar ideada desde la raíz de la electricidad, no desde su carácter de objeto. Como conocía mis estudios previos de empresariales, me incitaba a emprender un camino de autoproducción, para no depender de las empresas convencionales”, recuerda con emoción el diseñador.

Las ideas a contracorriente Enzo Mari son hoy más actuales que nunca. El diseñador explosivo, de carácter irascible y vehemente en público, bondadoso y dulce en el trato cercano, vivió fiel a sí mismo y a sus ideas determinantes sobre el diseño como un servicio a la sociedad, a la comunidad: “La ética debe ser el objetivo esencial de cada proyecto”.

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