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Abuelos al rescate: la generación de la guerra frente al coronavirus

Sufrieron, siendo niños y adolescentes, la guerra civil y sus consecuencias. Contribuyeron a sacar adelante al país y ahora, en la vejez, son el colectivo más vulnerable a los efectos del coronavirus. Sin embargo, muchas personas mayores han encontrado la manera de aportar su grano de arena para hacer frente a la pandemia. Confeccionar material de protección sanitario de forma altruista, ponerse al frente de Telediarios caseros (como puede verse en el vídeo) o compartir a través de la redes mensajes de apoyo son algunas de las iniciativas que han surgido estos días de confinamiento.

Rafael Martínez Ruiz, que el pasado 25 de marzo cumplió 106 años, atiende a las preguntas de EL PAÍS mediante una videollamada por Skype. El día de su cumpleaños lanzó un mensaje de responsabilidad (“Tengo 106 años y yo me quedo en casa”, decía en un vídeo) que se viralizó en las redes sociales. Gon la ayuda de su cuidadora Magni, que hace de técnico durante la grabación del vídeo, cuenta que nunca había vivido una situación parecida. Ni la epidemia de gripe de 1918 -de la que apenas se acuerda ya que tenía 4 años- ni la Guerra Civil -que le pilló en Mallorca realizando la mili- pudieron con su vida.

El ‘camarada’ Rafael, como se refieren a él sus amigos del partido, ha vivido casi toda la historia del siglo veinte. Y aunque la conexión de la videollamada falla por momentos, él escucha, recuerda y responde con un sonrisa. Hasta que rememora los momentos más duros de su vida. Perdió a su mujer y a sus cuatros hijos en un accidente de coche. Ahora, tras fallecer su segunda mujer, le cuida una familia. Vicente y Magni, quienes además comparten rutina con él durante estos días. “Cuando puede salir, Rafael se asea él solo, y solito coge su tacatá para irse al bar a tomarse su vinito con los amigos”, cuenta Magni.

Esos paseos matutinos son la costumbre que más añora Rafael durante estos días de aislamiento preventivo. “Si queremos que esto no se agrave más y que pase lo más rápidamente posible tenemos que acatar las órdenes que nos de nuestro Gobierno”, reflexiona en coherencia con el mensaje escrito en el cartel que sostenía en el vídeo: #YoMeQuedoEnCasa. Y desde el otro lado de la pantalla, prudente, se despide: “Aquí estoy para lo que sea preciso. Un abrazo”.

Otra iniciativa planteada para levantar la moral de las personas mayores es la que están llevando a cabo los internos de la residencia segoviana Los San Pedro. Ubicada en el municipio de San Pedro de Gaíllos, da cobijo a medio centenar de residentes de edades comprendidas entre los 76 y los 100 años. Como las visitas no están permitidas, la plantilla de la residencia ha encontrado en su página de Facebook el canal idóneo para comunicar a sus familiares cómo están afrontando el confinamiento en el hogar de mayores.

La iniciativa bautizada como Tele San Pedro, comenzó su ‘emisión’ en Internet el pasado 23 de marzo. Sheila Gordaliza, directora del centro, afirma que es “una manera efectiva de que los residentes estén motivados y entretenidos” durante la cuarentena, periodo que para ellos está resultando especialmente duro al estar separados de sus familias. “El buen humor es la mejor terapia”, añade.

En Facebook, publican vídeos diarios en directo donde los residentes recitan poemas, cocinan e incluso presentan un informativo satírico. “Convocan un aplauso a las ocho y diez para agradecer la labor de todos los que aplauden a las ocho” es uno de los titulares humorísticos de Noticias Tele San Pedro, presentadas por Florencio, Manolo, Marcelo y Andrés. Afortunadamente, el coronavirus no ha entrado en las puertas del centro: “No tenemos ningún contagiado”, aclara Sheila.

La generación de Filomena Martín, vecina de 96 años de la localidad toledana de Sonseca, también ha vivido los horrores de la guerra: “He vivido dos miedos, el de la guerra y este”. Con su máquina de coser marca Singer y la ayuda de su hija que es costurera, la abuela Filo -como le llaman- remata batas y mascarillas para los sanitarios. Todo empezó a petición de una enfermera cercana a la familia que, preocupada por no tener material protector para los trabajadores del hospital, acudió a las modistas. Desde entonces, las manos de Filomena -acostumbradas desde los nueve años a la artesanía del mazapán- trabajan para producir batas y mascarillas que hacen llegar a los profesionales del sector médico.

Como ella, cada día más personas se suman a confeccionar material sanitario desde sus casas. Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud destacan “la importancia del uso racional y apropiado de todos los EPI (equipos de protección individual) debido a la escasez a nivel mundial”. Las mascarillas, como todo el material de protección, son imprescindibles para los enfermos, las personas en contacto directo con ellos y los trabajadores sanitarios. El Ministerio de Sanidad publicó el 30 de marzo, el Procedimiento de actuación de prevención de riesgos laborales frente a la exposición al SARS-CoV-2 en el que se recomienda el uso por el personal sanitario de mascarillas autofiltrantes que cumplan con la normativa.

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