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A cada uno, su listo

Está bien pagado el empleo. Como tiene que ser. Ocuparse de las decisiones del presidente del Gobierno, aunque eso no conlleve ninguna responsabilidad, es mucho. Porque se juega uno su prestigio y su carrera. Miren si no el caso de Pedro Arriola, que, según los periodistas expertos en La Moncloa, hacía para Mariano Rajoy lo mismo que Iván Redondo hace para Pedro Sánchez ahora, es decir, predecir los acontecimientos, y valorar los costes de acertar o errar en su valoración.

El cargo de presidente de Gobierno no está muy bien pagado en España, aunque, eso sí, tiene transporte gratis, igual que los jubilados, y algunas otras prebendas. Entre ellas está la de poder nombrar a alguien que le ayude a dormir, y para eso, nada mejor que tener un Iván Redondo. ¿Cobra mucho? Yo creo que no. Porque ayudar a que el presidente de todos los españoles duerma es, en realidad, ayudar a todos los españoles.

Imaginemos que a alguien se le ocurre una estupidez como que los niños puedan salir solo a los supermercados, o a los bancos o las farmacias, como los yonquis. Imaginemos eso y también que nadie presenta su dimisión. Eso no es posible, ¿no? Pues claro que no.

Y no sabemos quién ha pensado y dicho eso, porque hay un Iván Redondo en la sombra. Alguien que manda mucho pero nunca paga. Si no ha sido él, pues haber consultado antes. Y si ha sido él, no hay que decirlo, o quizá tenía una intención doble, que eso es muy de Iván.

Entre los partidarios de los regímenes duros, como es el caso de los salvajes de Vox, se suele estar más a favor de quienes cometen un crimen que de quienes se equivocan.

Yo creo que siempre es preferible un error, que se arregla con una rectificación o con una dimisión de alguien que tiene una cara.

En el caso de los Ivanes no cabe el error, porque viven de evitarlos o esconderlos, pero sí cabe el crimen, si es por una noble causa. Se puede cometer un crimen para que el proletariado o las SS gobiernen siempre, si vamos al extremo. Pero nunca se puede cometer un error que provoque la pérdida de un escaño.

Redondo es el listo que permite que duerma Sánchez mientras él pergeña qué general ha cometido errores.

A propósito, ¿de quién fue la idea sobre los niños?

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