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20.000 cajas de comida para los más desprotegidos de la pandemia

Mª Carmen Clavero, vecina de 84 años del barrio barcelonés de Sants, tiene un 75% de discapacidad motora y, a causa del confinamiento, lleva 50 días sin salir de casa nada más que para comprar ciertos víveres. A ello se une que, como tantas personas mayores, vive sola. Sin embargo, algo cambió el pasado lunes 20 de abril cuando sonó el telefonillo y escuchó la voz de un cartero: “Buenos días, señora, soy de Correos. Le traigo una cesta. Se la dejo en la puerta. Por favor, no abra hasta que me haya ido”. Minutos después, Clavero salió al umbral de su vivienda y encontró una cesta llena de comida. Cuando vio lo que había pasado, sintió como si todas las habitaciones de su casa ya no estuvieran vacías.

Como ella y en las dos últimas semanas, 20.000 personas de la ciudad de Barcelona pertenecientes a grupos de riesgo han recibido gratis en sus casas un lote de alimentos gracias a Cestas contra la covid-19, una iniciativa de la empresa de marketing deportivo Line Sports que, en menos de un mes, ha conseguido el acopio de 220 toneladas de alimentos donados por 10 productores.

Mª Carmen Clavero posa junto con su cesta de alimentos.Mª Carmen Clavero posa junto con su cesta de alimentos. Marc González Aloma

El objetivo del proyecto, que comenzó el 17 de abril y acaba el 1 de mayo, es entregar una cesta compuesta por 12 alimentos básicos a cada persona afectada por el virus y con dificultades para hacer frente la situación: vecinos mayores de 70 años con pocos recursos, enfermos crónicos o infectados con covid-19. A Line Sports se ha unido el Ayuntamiento de la ciudad, encargado de localizar y seleccionar a estas personas –en línea con su Plan de choque–; priorizando a aquellas con rentas bajas y que no disponían de una red familiar o vecinal que les pudiera hacer la compra. Por otro lado, la empresa pública Correos se ha encargado de toda la logística: almacenar los alimentos, distribuirlos en las cestas y repartir las mismas.

“Cuando le llegó la cesta me dijo: ‘Es como si los Reyes Magos me hubieran visitado durante el confinamiento”, explica la hija de Clavero, Laura Vives. “Aunque lo más importante para mi madre no es la cesta en sí, sino que alguien se acordase de la gente mayor. Esta iniciativa es impresionante. De hecho, cuando me contó que el Ayuntamiento la llamó día antes para decirle que ese lunes se la iban a llevar, pensé que era una estafa. Tuve que llamar al 010 para preguntar si era verdad”, relata Vives. La gratificación también es un sentimiento que inunda al creador de la idea, Marc Miró: “Gracias al trabajo de muchos agentes, hemos conseguido reunir toneladas de productos y repartir 20.000 cestas con alimentos para una dieta equilibrada. Nunca nos imaginamos que esta idea iba a repercutir tanto”, afirma Miró, de 36 años y fundador, junto con su mujer Cristina Doménech, de 33 años, de Line Sports.

“Nuestro objetivo era llegar a la gente que más lo necesita”

El cese de la actividad por el estado de alarma afectó mucho a la empresa de Miró, que iba bien y estaba invirtiendo en crecer más hasta que el coronavirus le obligó a cancelar el traslado de su negocio a otro local más grande y tomar medidas para no cerrar. “Fue muy duro tener que decirle a tus pocos trabajadores que debes reducir la jornada un 80% porque, si no, quiebra la empresa. La primera semana de confinamiento fue muy dura, llena de inseguridades y de miedo. Veías a mucha gente sufriendo”, cuenta este pequeño empresario barcelonés. Miró no soportó la impotencia y en la segunda semana del confinamiento se sentó frente al ordenador para informarse de qué podía hacer su empresa para arrimar el hombro. “Nos dimos cuenta de que uno de los problemas era la saturación del servicio sanitario por el creciente número de contagios. Y se nos ocurrió trabajar en esta iniciativa para minimizar la propagación del virus”, detalla.

Otro ejemplo de las dificultades que está provocando el encierro a personas mayores es Mª Trinidad Serrano, de 76 años. Los problemas de oído y de vista le dificultan el día a día y, sumado a la situación del confinamiento, le provocan ansiedad. “La otra noche me desperté a las tres de la mañana. No podía dormir. No veo, no oigo y vivo sola. Esto del corona se hace muy duro”, explica por teléfono. Por ello, la cesta ha sido un regalo que, según cuenta, mejorará su vida cotidiana. “Estoy eternamente agradecida”, dice. Localizar a gente como Serrano y coordinar el envío de alimentos no ha sido tarea fácil. “Ha sido un trabajo inmensurable, pero lo hemos conseguido. Nuestro objetivo era llegar a la que gente que más lo necesita, por lo que contactamos con el Departament de Salut de la Generalitat de Cataluña para que nos facilitaran los teléfonos de los enfermos por coronavirus. Pero también con otras muchas asociaciones que nos pudieran poner en contacto con personas con discapacidad y pocos recursos”, explica Álvaro Porro, comisionado de Política Alimentaria del consistorio. Tras localizar a estas personas, el Ayuntamiento les preguntó si necesitaban comida y cuál era su situación; dependiendo de cada caso, se enviaba o no la cesta. “Había mucha gente mayor que nos pedía que se la diésemos a otra persona porque ellos no la necesitaban”, puntualiza Porro.

Durante los primeros días, Miró no soltó el móvil. “Llamé a cientos de empresas y finalmente conseguimos que se sumasen 10 productores”, explica. Entre los donantes se encontraba la conocida marca de bebidas Pepsi, que se encargó de suministrar zumos, agua y frutos secos. “El proyecto demuestra de lo que somos capaces si aunamos fuerzas y trabajamos de forma colaborativa”, explica Marta Puyuelo, directora de Asuntos Corporativos de PepsiCo. Además de las grandes compañías, empresas pequeñas como Cooperatives Agràries Parc Agrari del Llobregat o Cooperativa Agrària Santboiana se han sumado para ofrecer productos frescos, como fruta y verduras.

Varios trabajadores voluntarios de Correos distribuyen los alimentos en las cestas individuales.Varios trabajadores voluntarios de Correos distribuyen los alimentos en las cestas individuales. Marc González Aloma

La clave: empaquetar 20.000 lotes en un tiempo récord

Pero los problemas no se disiparon. Miró se dio cuenta de que necesitaba ayuda para almacenar la gran cantidad de alimentos que habían conseguido y distribuirlos. “Fue entonces cuando contactamos por LinkedIn con Eva Pavo, directora de Comunicación y Marketing de Correos, para pedirle ayuda. En pocos días nos contestó que estarían encantados de ayudarnos en lo que fuera posible”, explica. La empresa de paquetería, que, bajo el lema #ParaEsoEstamos participa en otras 283 iniciativas solidarias para luchar contra el coronavirus, se encargó de todo el proceso logístico. Desde el acopio de productos en su muelle de Zona Franca (al sur de la ciudad) hasta la entrega, con medidas de seguridad, pasando por la elaboración de las cestas.

Instalaciones de Correos en Zona Franca (al sur de Barcelona), reconvertida para realizar las labores de empaquetado de las cestas.Instalaciones de Correos en Zona Franca (al sur de Barcelona), reconvertida para realizar las labores de empaquetado de las cestas. Marc González Aloma

Silvia Gálvez es la persona que se ha encargado de coordinar a los 170 voluntarios de Correos que han empaquetado los lotes. “La clave ha sido reacondicionar nuestras instalaciones para poder empaquetar, servicio que nuestra empresa nunca ejecuta. El trabajo ha sido muy intenso pero muy bonito”. detalla. “Por un lado, ha sido una oportunidad para poder ayudar a la gente que lo necesita y, por otro, un premio increíble. Muchos compañeros de distribución nos han contado que mucha gente mayor lloró cuando recibió la cesta”, explica Gálvez. La empresa pública de paquetería ha ampliado el horario de sus oficinas durante la crisis. De hecho, desde el martes 28 de abril están abiertas de lunes a viernes de 8.30 a 14.30 horas. La entidad también ha vuelto a ofrecer el servicio de envío de paquetería.

“Muchos compañeros de distribución nos han contado que mucha gente mayor lloró cuando recibió la cesta”, dice una trabajadora de Correos

Tras tres semanas de trabajo, Miró echa la vista hacia atrás sin poder evitar emocionarse al recordar que una pequeña idea ha hecho feliz a 20.000 personas que, encerradas en sus casas, temían por su seguridad y por la de sus seres queridos. “Grande, pequeña, individual o colectiva, social o empresarial… La ayuda mueve montañas, sus ganas se contagian aún más rápido que cualquier virus y no hay quien las pare. La ayuda no se confina”, subraya.

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